Cada vez se siente más la euforia ante las próximas elecciones. Tenemos una nueva oportunidad para reivindicar a la democracia y dar un paso adelante hacia el desarrollo institucional de Panamá. Abundan jóvenes y adultos que pasan de ser tenaces a amnésicos. Recordar y razonar para tomar decisiones es esencial. Es imprescindible que exista un nivel de comprensión sobre el contexto. Necesitamos conocer la historia política de nuestro país.
Es irrefutable que aquel que no conoce su historia, está destinado a repetir los errores del pasado. Para algunos, la dictadura y los sucesos desafortunados de esa época lamentable de la historia panameña han quedado en el olvido. Es crucial tener conciencia de las secuelas y cicatrices que nos dejó en nuestras instituciones y en nuestra sociedad. Algunas repercusiones nefastas son la debilitación integral de nuestra institucionalidad y la desaparición de la participación estudiantil a través de organizaciones. ¿La consecuencia? El deterioro de la participación ciudadana y una herida en nuestra sociedad. Sin darnos cuenta, hemos seguido adelante sin rectificar las grietas en nuestro sistema democrático. Nos tropezamos constantemente.
El sentimiento de pertenencia a la Patria se pierde en nuestra juventud. Somos jóvenes que no crecimos viendo a otros estudiantes luchar por la soberanía y no conocemos el verdadero simbolismo detrás de una protesta que, por supuesto, no se trata de una excusa para faltar a clases.
Acontecimientos como la Operación Soberanía y los hechos del 9 de enero no son sucesos con los que se identifica nuestra juventud. Muchos ni los conocen y, aun conociéndolos, no se identifican lo suficiente para luchar y exigir un mejor país y gobernantes más responsables. Toman decisiones con base en percepciones de la realidad, sin tomar en cuenta las razones que motivan el Panamá que vivimos y sufrimos día a día.
Nuestro sistema gubernamental está enfermo. No hay una conciencia de la razón de ser de la acción gubernamental. Se han olvidado los fundamentos de la razón de ser del Estado. Lo coyuntural sustituye a lo fundamental.
La constituyente no será un remedio si, como nación, no entendemos ni recordamos las vicisitudes que vivieron nuestros padres y abuelos.
Una de las pérdidas sociales, consecuencia de la dictadura, fue la conciencia del derecho a la justicia. Fue una época de represión que extinguía el más pequeño destello de rebeldía por parte de un pueblo que sufrió arbitrariedades e inmoralidades.
Se llegó al punto de que la ciudadanía dejó de importarle si los funcionarios realmente velan por el bien común y prefirieron que se enfocaran en lo material, racionalizando su actitud de aceptación de la corrupción con expresiones como “robó, pero hizo”.
Quizás lanzarme a las calles a protestar con una pancarta en la mano, expresando mi repudio, no es suficiente. Soy poderosa. Mi poder es mayor. Mi voto vale. Deseo ejercer mi poder cuando voto. No me seduce una cara bonita ni una propuesta clientelista. Ejerceré mi poder en las urnas. Te invito a que hagas lo mismo. Si queremos, podremos.
La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación