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CORRUPCIóN

Los tres poderes del Estado, en oscuros agujeros

Los tres poderes del Estado, en oscuros agujeros
Los tres poderes del Estado, en oscuros agujeros

Lógica oriental: “Si alguien puede hacerlo, seguro que yo también puedo hacerlo. Si nadie puede hacerlo significa  que debo ser el primero en hacerlo”. Lógica panameña: “Si alguien puede hacerlo que lo haga él. Si nadie puede hacerlo ¿por qué tengo que hacerlo yo”.

Creo que voy a despedirme de esta vida sin lograr ver a mi país libre de insaciables personajes que se enriquecen  día a día sin que se asome en sus rostros una gota de sudor. Son oscuros individuos que tienen el cerebro bien entrenado para meter sus manos en grandes negociados, siempre recurriendo a métodos del soborno y pagos por adelantado a poderes de alta influencia, como lo son los tres poderes del Estado.

El Ejecutivo históricamente  ha estado bajo la lupa popular. Presidentes  y equipos de gobierno entran con una mano atrás y otra por delante y después, extrañamente y por arte de magia, cuando salen del gobierno,  sus patrimonios personales aumentan y salen llenos de oro, abultadas cuentas bancarias, miles de hectáreas de terrenos, yates y aviones privados.

La Asamblea Nacional presenta un panorama tétrico parecido a un nido de víboras donde se elaboran amañadas planillas que favorecen a familiares y allegados a sus círculos políticos.

Estos señores y señoras se amparan bajo ridículos argumentos  para justificar lo injustificable.

Respetando la línea que separa a los buenos de los malos, me atrevo a señalar  que estos personajes, mal llamados “padres y madres de la patria”, han demostrado al pueblo que son oportunistas, farsantes y holgazanes que tienen solo el interés supremo de enriquecerse junto a familiares que les sirven de colchones y tapaderas para evitar futuros enjuiciamientos por enriquecimiento ilícito.

En la Corte Suprema de Justicia los hay buenos y malos.

El pueblo siempre ha percibido que en esas esferas de magistrados y jueces existen manejos dudosos que siembran desconfianza en la pureza de sus fallos.

Se dice que en la Corte Suprema existe una feroz competencia por atrapar y manejar expedientes que pueden representar algún dinerito extra. Solo es cuestión de negociar qué fallo quieren, cuánto están dispuestos a pagar por ese fallo.

Ejecutivo, Corte y Asamblea, todos esperan que el destino juegue a su favor, dejando de lado e ignorando  la espiral popular que ya va en aumento, esperando el momento estrepitoso que los envolverá y depositará en el alcantarillado más cercano.

Hoy me atrevo a soñar.

 Por fortuna tenemos un pueblo que despierta y tendrá la capacidad en 2019 de optar y votar por los menos malos y que ya se prepara para rechazar a los acostumbrados charlatanes que lanzan bombas y redes de profundidad para ver si recogen a ignorantes electores que desconocen la realidad que vive el país en manos de estos sujetos oportunistas.

El autor es periodista


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