¿Cómo llegamos aquí? En el marco de importarnos poco por la objetividad de la información previo a emitir juicios pues las décadas de desencantos con la administración de la cosa pública han propiciado una manifestación que arrancó con nobleza y que ha evolucionado para desembocar en violencia injustificable y una desaceleración que trasciende su medición apegada al producto interno bruto: es un detenimiento que atenta contra nuestra propia humanidad.
Con las principales calles de Panamá bloqueadas al antojo de una minoría, estudiantes enfrentan la pérdida irreparable de clases mientras los modelos de pseudo-liderazgos que parten de la premisa de que ningún diálogo es bueno siguen imponiéndose ante la impotencia que provoca la ausencia de apego al bienestar general.
Tenemos hoy en nuestras manos el resultado de décadas de toma de decisiones sustentadas en supuestos modelos que traerían prosperidad y no ha sido así. No porque la libre empresa, el capitalismo tan criticado no fuera el camino para erradicar la pobreza sino porque en este bendecido país hemos tenido la tormenta perfecta: crecimiento económico apalancado en populismo; bonanza para algunos políticos y empresarios a cuesta del avance profesional de la gran mayoría y una desgarradora corrupción en una constelación de temas. Mucho de lo bueno de los últimos años está deshaciéndose frente a nuestros ojos.
Dolorosamente estamos en el Panamá que no acepta la crítica ni mucho menos la interrogación sensata. Nos gusta leer y escuchar el elogio en los grupos de whatsapp ya que prestarle atención a alguien que piense diferente a nosotros es raro. Hoy usamos bombas lacrimógenas para dispersar protestas y el hastío ciudadano nos lleva a tomar la justicia en nuestras manos porque la polarización congeló nuestras mentes, nuestra habilidad para conectar.
El contrato ley con Minera Panamá, S.A. está en manos de la Corte Suprema de Justicia. Nuestros más insignes juristas han indicado en reiteradas ocasiones que ese es el sendero apropiado para darnos el mejor chance de defendernos en cortes internacionales o incluso negociar desde una posición de poder. Si esto es así, ¿por qué se sigue atentando contra la libertad y el derecho a la movilización restringiendo hasta el acceso a alimentos básicos?
Las pérdidas monetarias ya exceden los mil millones de dólares pero la polarización en tiempos de posverdad cuesta una poco más ¿Cómo calculamos el valor de algo tan intangible? Bueno, la polarización guiada por agendas escondidas y sesgos de grupo identificados en los trabajos de Kannehman y Tversky están afectando niveles de productividad, de estrés, de bienestar y hasta de salud mental como pocas veces habíamos vivido en Panamá.
¿Cómo se resuelve esto? Hablando. Dialogando. Reconociendo errores y enmendando el camino para crear confianza. El rol de nuestros gobernantes y de los líderes de movimientos populares en las próximas horas nos condenará o nos guiará a salir de este oscuro momento.
El autor es economista.
