El año pasado, en un inesperado final, la sociedad civil impidió que la casa Wilcox en el centro histórico de Colón, fuese demolida. Una mezcla interesante de acciones concertadas de gremios profesionales, ciudadanos comprometidos, comunidad académica, medios de comunicación y finalmente el apoyo del Consejo Municipal de Colón logró la no demolición de la Wilcox. Fue posible exhibir, en el plano público, los valores patrimoniales del inmueble, logrando la no desaparición de entre la memoria de los nacionales. Se validó nuestra hipótesis de que no es posible conservar, si no se entienden los valores patrimoniales asociados al patrimonio edificado.
La conservación del emblemático edificio en Colón fue un compromiso político expresado por el presidente el día que asumió las riendas políticas y administrativas del país. Entre vítores y alegrías triunfalistas, expresó: “Vamos a restaurar sus edificios históricos, vamos a darles oportunidades dignas de vivir a todos, vamos también a restaurar los edificios para que los colonenses que residen en ellos vivan en estos mismos edificios restaurados aquí, en las 16 calles”.
El sábado 10 de marzo el Ministerio de la Presidencia anunció que gestionaría la licitación para la restauración de la casa Wilcox. Información pública y notoria anunciaba en agosto de 2017 que el Miviot no contaba con fondos para la intervención de la Wilcox. A poco más o menos 400 días de gobierno, se espera que se licite el proyecto, se adjudique y se inicien las obras. Siendo optimistas, más que realistas, el anuncio, a juicio nuestro, será llamarada de capullo. La oferta de vivienda social dentro del casco histórico de Colón no es real, como tampoco real, la solución que hoy se ofrece al colonense que habita el distrito central de la ciudad. El objetivo del proyecto de Renovación de Colón fue otro. No habrá tiempo ni recursos para rehabilitar el centro de Colón ni para la construcción de viviendas sociales. El brazo que acciona la política de vivienda social para el centro histórico de Colón se quedó sin fuerza.
Hoy día el proyecto millonario de Renovación de Colón presenta dificultades técnicas de ejecución y se validan los resultados expuesto en otras entregas de opinión en 2014: “La alternativa de rehabilitar las 250 hectáreas de un territorio servido con calles, redes de servicios y energía, con magníficos espacios abiertos al mar no es viable para el contenido social que la habita, encontrando la limpieza social como una solución que permitirá la apropiación de la riqueza edilicia y de los beneficios de la mejor localización urbana en el Atlántico”. (Acosta, La Prensa, 2014). La construcción de una solución en el sector de Los Lagos y la expulsión de los habitantes a la periferia se hizo realidad y la posibilidad de rehabilitación de la vivienda social en el centro de la ciudad, una quimera.
Las fuerzas sociales de Colón hoy reclaman, bajo las voces de su dirigencia, el cumplimiento de la respuesta al Gobierno, de la promesa política.
En un contexto actual de agotamiento político del Ejecutivo, entre los escándalos de corrupción del legislativo, entre un INAC debilitado institucionalmente y con una agenda de intervención que sobrepasa la capacidad de asumir otros retos, el compromiso y ejecución de obras que reflejen una política de vivienda social para el centro histórico de Colón queda como muchos asuntos, en la agenda de administración patrimonial, pospuesta hasta nuevas elecciones y nuevas promesas.
La política de vivienda social para los centros históricos panameños - visto con la desaparición de la casa Boyacá en el pasado mes en San Felipe- junto con la posibilidad de restaurar la casa Wilcox en Colón, son asuntos pendientes de análisis, discusión y de un real compromiso político de la institucionalidad administrativa de los temas patrimoniales.
El autor es ingeniero