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Política

Si alguna lección debiéramos haber aprendido de la reciente experiencia política es que no es suficiente una buena carrera política si las condiciones con que se logra el cargo público no permiten gobernar para resolver los problemas del Estado.

Y, que tampoco se logra mucho con esfuerzos individuales enfrentados a maquinarias políticas organizadas y experimentadas.

Es como si, ya sea un boxeador o equipo de fútbol, se prepararan arduamente para un campeonato y al llegar al evento se encuentren con que las reglas del juego “legal y democráticamente” establecidas lo obligan sólo a aguantar golpes para no caerse en el ring; o le impiden meter goles, porque los equipos contrarios se han puesto de acuerdo y tienen, no uno, sino tres guardametas que se cuidan las espaldas cada uno.

Al acercarnos a la fecha del torneo electoral, los que aspiramos a cambiar el rumbo que lleva el país, debemos visualizar no solo los posibles resultados del próximo 5 de mayo, sino más allá, las condiciones del verdadero torneo: el período gubernamental 2024-2029. La lista de los problemas más agobiantes que requieren ser afrontados durante ese período es dramática, sobre todo por lo complicado que serán sus impostergables soluciones: educación, reforma institucional, seguridad social, finanzas públicas, agua y medio ambiente.

El país necesita un giro de 180 grados y no existe, en nuestra realidad política actual, una fuerza única capaz de lograr el apalancamiento necesario para llevarlo a cabo por sí sola. Los que sostengan que pueden hacerlo solos o con tan sólo un tercio del electorado, se engañan o nos engañan: el resultado es el mismo.

Únicamente cambiando radicalmente el escenario político podrán los políticos honestos jugar un papel significativo en el futuro del país, lo cual sólo se podrá lograr si las personas de buena voluntad se unen para llevar a cabo las transformaciones necesarias. Visto de otra manera, no podemos aceptar que nos gobiernen bajo el principio de “divide y reinarás”.

Comienzan las conversaciones para integrar alianzas. Ojalá nuestros políticos se inspiren en los ejemplos de dos grandes momentos históricos que marcaron a Panamá: la unidad lograda para obtener la independencia y para adoptar la Constitución de 1946.

Entonces, como ahora, es necesario primero, una plataforma consensuada de los objetivos a lograr, seguido de la estrategia para obtener una mayoría en la Asamblea Nacional con nuevos líderes que orienten su transformación y por último los candidatos al Ejecutivo que estén en capacidad y se comprometan a liderar el cambio generacional y político que el país necesita.

No es asunto para un solitario “superman”, se requiere la cooperación, desprendimiento y visión de todos los “superhéroes”, para que sobrepongan los intereses nacionales, elevándose sobre sus naturales aspiraciones, cada uno con su rol y contribución a las tareas que se necesitan realizar.

El camino al infierno, se dice, está empedrado de buenas intenciones y la ciudadanía consciente, luego de tantas frustraciones, no perdonará la falta de entereza de sus líderes al no lograr el entendimiento necesario para formar la gran alianza nacional que las circunstancias imponen.

El autor es abogado


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