Recientemente manifesté en redes sociales mi aprecio en respuesta a la entrevista que uno de los muchos aspirantes a la presidencia dio en un medio local.
Mi percepción personal de este precandidato es que es una figura con carácter firme, sincero y de convicción fuerte.
Cabe destacar que lo que más me impresionó fue la constancia de su personalidad. A lo largo de los años, esta persona se ha mantenido siempre honesto sobre el tipo de ciudadano que es, ya sea para gusto o disgusto de muchos.
Al conversar sobre mi lectura de la entrevista con amigos y cercanos, me sorprendí de conocer que muchos de ellos comparten mi análisis, pero se mostraron inseguros sobre sus posibilidades de ganar, ya que sienten que la población en general no lo apoyará.
Esto me dejó pensando. Si como ciudadano de Panamá, alguien percibe cualidades positivas de un político, pero no siente que recibirá votos, ¿qué dice esto de su impresión de dicha población? ¿Acaso la población en general prefiere votar por personas que no muestran estas cualidades? ¿Somos víctimas, como nación, de una preferencia por el carisma hipócrita y las promesas vacías y sin fundamento?
Personalmente, yo prefiero darle mi voto a una persona que siempre se ha mostrado tal y como es, sin necesidad de caer en juegos de populismo para congraciarse con otros. Me gustaría pensar que el próximo año, la mayoría de los panameños harán lo mismo.
Cada vez más, vemos la proliferación de políticos de vitrina, con sus guiños de ojos, bailoteos jocosos, y claro, los ya muy famosos besos y abrazos a bebés. Sinceramente, yo no creo que Panamá necesita de presidente a una persona que lo único que realmente sabe hacer bien es contar chistes, remenearse como pavo degollado o prometerte que va a traerte agua 24/7 sin ningún plan real de cómo llevar semejante meta a cabo.
Ya está bueno de regalarle el voto a aquellos que dicen lo que queremos escuchar, para luego llegar al Palacio de las Garzas y mostrar sus caras verdaderas.
El día de las elecciones – ya sean primarias de sus respectivos partidos o generales – espero que toda persona ejerza su derecho constitucional a favor del aspirante que les ha demostrado interés real en servir a la patria. No se dejen llevar por sonrisas de plástico, promesas y confabulaciones mágicas, ni mucho menos ese carisma prefabricado. Ninguna de estas cosas demuestra capacidad para gobernar en paz y con eficiencia.
Si sienten que otros no apoyarán al candidato que ustedes sí, no importa, denle el voto.
El autor es ciudadano