Hay una escena en la película La vida de Brian, donde un gladiador delgadísimo es puesto en el coliseo a pelear con uno robusto que, al verlo, comienza a corretearlo. Al pesar tanto, entre su envergadura y los pertrechos de su vestimenta, termina muriendo de un fulminante infarto: el paupérrimo vence al fuerte por cansancio, un absurdo que, dentro de esta obra maestra de Monty Python, tiene sentido.
En Panamá, que cada día es más absurdo en todos los sentidos, estamos asistiendo a la muerte por infarto del país por manos del paupérrimo Ejecutivo, con la inestimable ayuda del Legislativo y la asfixia de ambos del Judicial, que lleva intoxicándose años.
Parece que lo de «Ejecutivo» se lo toma el gobierno por la acepción número dos del DRAE, «dar muerte al reo», porque se está diseñando todo para cansar a la sociedad y darle luego las soluciones y remedios que ellos crean conveniente, y que el país aceptará por cansancio, para evitar morir infartado por el paupérrimo gobierno. No hay nada más lamentable que tener necesidad y que la usen en tu contra para doblegar el criterio.
El sistema está diseñado para que el paupérrimo (pero legal) 34% gobierne sobre la mayoría, infartando a la sociedad civil que, por ignorancia, suspira por una siguiente legislatura, a pesar de que quedan tres años de esta. Ese síntoma anuncia el abandono a lo que hagan alcaldes, diputados, toda la caterva de miserables que gobiernan. No sirven los del «paso firme», menos los de «vamos por otro camino», ni mezclados ni agitados; ni independientes (brillante majadería), ni los tradicionales panameñistas y perredistas: cansados, preferimos sentarnos en una esquina a esperar que todo pase, mientras nos duele el brazo izquierdo, nos aprieta el pecho, y sabemos que terminaremos en cuidados intensivos.
Lo que asusta, es que no sabemos si quien nos cuida lo hace por nuestro bien o para nuestra muerte. Es todo tan absurdo que debe darnos miedo.
El autor es escritor.

