El 25 de enero pasado, Peter Hegseth fue confirmado como Secretario de Defensa después de duros cuestionamientos sobre sus competencias para ocupar tan relevante cargo, que incluyeron testimonios de excolaboradores sobre su estado etílico en reuniones, así como en otras instancias de conductas inapropiadas hacia mujeres. No pretendo enjuiciar moralmente al secretario Hegseth, pero, basándome en su hoja de vida, pareciera que su nombramiento es equivalente a que a mí me asignaran la responsabilidad de la sala de urgencias del hospital Santo Tomás. Lo que sí es evidente es la lealtad incondicional que el presidente Donald Trump exige a su círculo más cercano, y el secretario Hegseth cumple a cabalidad con esa regla. Resulta fácil de entender entonces por qué el secretario Hegseth expresó recientemente, y de manera categórica, que los Estados Unidos de América retomarán la administración del Canal de Panamá “por cualquier medio necesario”.
Curiosamente, la frase “por cualquier medio necesario” es atribuida al memorable Jean-Paul Sartre, hombre de ideología izquierdista, quien en 1948, en su obra “Dirty Hands”, despliega la fuerza de su inquieta mente. No menos curioso es que la frase, ahora utilizada por la extrema derecha estadounidense en sus esfuerzos por retomar el Canal de Panamá, haya sido enarbolada por un líder afroamericano asesinado en el salón Audubon del Harlem neoyorquino: Malcolm X. Estos personajes utilizaron la frase en contextos históricos en los que la humanidad necesitaba inspiración para accionar en pro de mejores días.
Y es aquí donde la puerca tuerce el rabo; donde la lógica y el análisis se acaban; donde los argumentos de insignes abogados internacionalistas y catedráticos empiezan a perder fuerza: no estamos lidiando con algo conocido. Una de las lecturas que más he disfrutado es el espectacular tratado sobre probabilidad matemática y comportamiento humano que nos regaló Nassim Nicholas Taleb: El cisne negro. El doctor Taleb ofrece una guía rigurosa a través de eventos que son totalmente inesperados, que acarrean un enorme impacto y que, después de un análisis más frío, quizás pudieron ser anticipados. Ejemplos sobran: los ataques del 11 de septiembre o el surgimiento de Google. Pero quizás una de las lecciones más potentes del profesor Taleb es que los seres humanos aterrizamos en lo específico y, por ende, proyectamos decisiones basadas en lo que ya sabemos con certeza, porque nos cuesta reconocer que no lo sabemos todo. He perdido el sueño en las últimas semanas ante las inexactas declaraciones del presidente Trump y he aplaudido la defensa del Canal en manos panameñas a través de los aportes de las mentes más brillantes de Panamá, que descansan en datos legales e históricos para contrarrestar la ofensiva imprecisa del Coloso del Norte. Pero quizás no sea suficiente.
Panamá vive su más crítico cisne negro en la historia reciente; uno que llama a la unidad nacional como pocas veces antes. El país ya enfrentaba desafíos que seriamente atentaban contra la estabilidad socioeconómica, especialmente de cara a las acciones que se requieren para replantear el sistema de pensiones de la Caja de Seguro Social, seguido de la robusta conversación sobre la operación de Minera Panamá y la necesidad de llegar a consensos para que el Canal de Panamá tenga más acceso a agua desde la cuenca del río Indio.
Después de revisitar a el doctor Taleb, es evidente que todos los argumentos para el Canal panameño están a favor de Panamá, pero es el desconocer el impacto de “por cualquier medio necesario” cuando es dicho por personajes que desconocen lo racional, lo lógico, lo decente y lo moralmente correcto lo que nos tiene que empujar a pensar diferente para panameñizar “by allmeans necessary”. Peter Hegseth no es Jean-Paul Sartre. Es muy probable que el Secretario Hegseth desconozca quién fue Jean-Paul Sartre. Y es allí donde la puerca tuerce el rabo, de nuevo.
