“¿El Día Mundial de la Libertad? ¿La caída del Muro de Berlín? Esos son puros cuentos, propaganda de la oligarquía. Panameño, no te dejes engañar. Ahora estás mejor que antes, y esa ‘libertad’ es esclavitud. Nunca lo olvides, todos por y para el Estado”. Se escuchaba en las bocinas de la estación del metro, al conmemorarse un aniversario más de la caída del Muro de Berlín, cuando Pedro iba camino a su trabajo.
“Sí, todos sabemos ahora que la gran Unión Soviética fue saboteada por los infiltrados del imperialismo occidental. Es lo que nos dice nuestro Ministerio de la Verdad”, continuaban los locutores. “Así que dejemos ya esos mitos en el pasado. La igualdad y la prosperidad que nos da nuestro Estado es lo que debemos celebrar hoy”, sentenciaron. Pedro simplemente exhaló y dijo: “Y yo era de los que pensaba que esto jamás pasaría en Panamá…” mientras entraba a su oficina en la Empresa Nacional de Estatizaciones.
Regresando a nuestro presente, este 9 de noviembre conmemoramos 33 años de la caída del Muro de Berlín y el inicio del fin de la Cortina de Hierro. Celebramos el fin del oscurantismo económico y de la represión totalitaria que mantenía sin democracia y bajo la bota del comunismo (y socialismo en algunos países) a cientos de millones de personas. Cada 9 de noviembre debemos hacer un alto y recordar a todos aquellos que perdieron sus vidas por culpa de las ideas que no han traído más que hambruna, miseria, guerras, y genocidio al mundo, mientras procuramos defender, con más fuerzas cada día, nuestra democracia, nuestro orden republicano de gobierno y, por sobre todo, la libertad.
Tal y como se dieron cuenta en carne propia los que vivían detrás del Muro de Berlín, y de la Cortina de Hierro, los cuentos de igualdad, educación y salud “gratuita”, y de que el Estado te proveyese todo lo que necesitas para vivir resultaron no ser más que una cortina de humo para ocultar opresión política y destrucción económica y social.
Y esa misma cortina de humo, que hoy en día quieren vendernos en nuestra propia tierra, bajo la idea de “democratizar las riquezas”, de “economía para la vida” o de “cambiar el modelo económico” debe ser combatida y disipada a toda costa. Sin duda, hay que hacerle cambios importantes a nuestro sistema económico, particularmente, en lo que se refiere a institucionalidad, seguridad jurídica, y estado de derecho, para que tengamos una verdadera libertad económica que nos permita trabajar en pro del desarrollo sostenible que queremos.
Estoy seguro que, al igual que yo, muchos de los que están leyendo estas líneas nacieron luego de la caída del Muro y de la dictadura que hubo en Panamá. Fuimos privilegiados al nacer durante un período de bastante paz, de grandes oportunidades, de crecimiento económico con una democracia moderadamente buena y estable y, tal vez, más importante, con considerable libertad.
Este hecho nos ha brindado un falso sentimiento de que esto es lo normal, de que tenemos garantizada esta realidad y de que no hay vuelta atrás. Para bien o para mal, estaríamos muy equivocados en pensar así. La realidad es que todos los días hay que salir a defender lo que tenemos y nunca olvidar que democracia, aquella meta por la que nuestros padres, abuelos, familiares, y amigos lucharon por durante la dictadura, no solamente es ir cada 5 años a votar. Democracia es combatir la corrupción, es trabajar de manera honesta y ética y es velar por el respeto de los derechos de todas las personas que viven en nuestro país, en especial el respeto a que construyan y lleven a cabo su plan de vida en plena libertad.
Por ello, carguemos entonces la antorcha de la libertad, manteniendo viva su luz y velando siempre para que nadie quiera construirnos en Panamá un Muro de Berlín.
El autor es miembro de la Fundación Libertad.
