Los directores de las empresas multinacionales más grandes del mundo identifican las tensiones geopolíticas como el desafío estratégico que más les preocupa, según múltiples investigaciones de EY, Bloomberg y McKinsey. Históricamente, los líderes empresariales veían las tensiones geopolíticas como un telón de fondo frente al cual se desarrollaba el comercio global, con impactos directos algo amortiguados por normas y acuerdos internacionales.
Eventos de alto impacto, como la guerra en Bosnia en la década de 1990, solían tener repercusión principalmente a nivel local. Hoy en día, el contexto es diferente: la globalización genera potentes mecanismos que transmiten e incluso magnifican el impacto de una crisis rápidamente, afectando también a empresas geográfica y conceptualmente distantes de los eventos críticos.
Desde la década de 1990, las grandes empresas han aprovechado la caída de las barreras aduaneras para configurar su estrategia de suministro y venta de manera más eficiente, combinando insumos de múltiples países y proveedores, y disminuyendo al mismo tiempo el riesgo de exposición. En muchos casos, este proceso ha implicado un creciente uso de proveedores manufactureros altamente competitivos de China y otros países de Asia, junto con suplidores de servicios tecnológicos de Norteamérica y Europa, y firmas de servicios financieros y legales de hubs como Panamá y Singapur.
El resultado son cadenas de valor “globales”, o Global Value Chains (GVC), que conectan múltiples ubicaciones mientras generan eficiencia en el proceso. Por ejemplo, una empresa decide reducir la cantidad de proveedores para seleccionar únicamente aquellos rankeados globalmente entre los más competitivos, a la vez que efectúa actividades anexas, como call centers o back-office, en países completamente distintos, generando así eficiencia y ahorro a lo largo de todo su proceso.
Más allá de incrementar la competitividad de las empresas, estas cadenas de valor globales también han generado importantes oportunidades para las organizaciones que se han integrado como proveedores, a la vez que han impulsado la atracción de inversión de offshoring. Tal es el caso de las fábricas de dispositivos médicos en Costa Rica, la producción automotriz en México y los servicios logísticos de Panamá. Por ello, al convertirse en un medio de conexión para la evolución y desarrollo del comercio y los negocios, las cadenas de valor globalizadas también funcionan como mecanismo de transmisión de los shocks, tanto positivos como negativos. De ahí que las tensiones de naturaleza geopolítica tengan un alcance mucho más global que en el pasado.
Recuerdo conversar con algunos líderes de empresas en Latinoamérica cuando comenzó la invasión de Ucrania por parte de Rusia, y notar que percibían el evento como algo muy lejano que no les preocupaba. Sin embargo, en pocos meses dicha guerra comenzó a tener repercusiones globales, por su efecto en los precios del petróleo, gas, granos, fertilizantes y otros productos.
Muchas empresas de la región, desde el productor agrícola de maíz o café, hasta la industria química, tuvieron que adaptarse buscando nuevos proveedores y enfrentando costos de insumos mayores, sin la certidumbre de que el nuevo proveedor funcionaría porque dependían de las embarcaciones disponibles que también estaban en medio del conflicto.
A partir de esto, entonces, es importante entender 3 efectos clave de la volatilidad geopolítica que conducen al mismo efecto: caro.
Costos de seguro: Una de las implicaciones inmediatas del aumento del riesgo geopolítico es el alza en los costos de seguros. Por ejemplo, los ataques de rebeldes Hutíes de Yemen a barcos comerciales que pasan por el canal de Suez en 2023 y 2024 han incrementado los precios de las aseguradoras para transporte de contenedores, haciendo más costoso el comercio internacional.
Cuellos de botella: Eventos geopolíticos, como la guerra en Ucrania y el riesgo de conflicto en Oriente Medio, pueden provocar el cierre de puertos, fronteras y arterias comerciales globales. Por lo tanto, la implicación no es solo un aumento de precios debido al incremento en los costos de flete; también existe el riesgo de escasez de insumos, o cuellos de botella, como los que enfrentamos durante la crisis de contenedores, debido al cierre de fábricas en China durante.
El autor es profesor del Incae
