Sobre el Proyecto de Ley 697, conocido como la Ley de criptoactivos, que considero un aporte importante para el desarrollo de nuestro centro financiero, debo hacer algunos comentarios.
En el Gobierno pasado, desde el Ministerio de Economía y Finanzas, trabajamos por más de dos años en un Proyecto de Ley de modernización del sistema financiero. Gran parte del esfuerzo consistió en convencer a los tres reguladores sobre la necesidad de crear nuevos servicios.
Ninguno de los tres reguladores: Superintendencia de Bancos, Superintendencia del Mercado de Valores y Superintendencia de Seguros y Reaseguros estaba muy contentos con la iniciativa. La razón es sencilla y hasta comprensible: Ellos solo regulan sus correspondientes negocios: banca, valores y seguros. Los criptoactivos son un híbrido no necesariamente bancario, ni de valores (aunque esto es discutible), ni de seguros.
Mientras en Panamá no veamos la industria financiera como un conjunto, y la sigamos viendo y regulando en silos, con cada regulador viendo únicamente su micro mundo, nos seguiremos quedando rezagados. Hoy se discuten los criptoactivos, el día de mañana será cualquier otro servicio y que, por no encajar en alguna de esas tres casillas, no se regulará y tampoco se promoverá internacionalmente.
Y ya que hablamos de promoción, tampoco existe en Panamá ninguna entidad que promueva los servicios financieros que ofrece el país. Si están pensando que Pro-Panamá lo hace, debe o puede hacerlo, la respuesta es no. Y no porque no quiera; sino porque no está calificada, ni tiene la capacidad de hacerlo. Tampoco la va a tener bajo el esquema actual, pues promover servicios financieros requiere vasta experiencia no solo en la oferta panameña, sino en la internacional y eso, vale dinero. Dinero, que no va a poder pagarle Pro-Panamá un equipo de funcionarios especializados.
Mis amigos libertarios seguramente dirán: “Es que esa promoción no corresponde al Estado, porque el sector privado es quien siempre lo ha hecho y lo hace mejor…”, les informo que en la gran mayoría de los países que compiten contra nosotros, existe un solo regulador del sector financiero, quien con mayor eficiencia aprovecha economías de escala para regular y más fácilmente dar seguimiento a temas de cumplimiento, riesgos transversales y que además, muchas veces incorporan, una unidad especializada de promoción. Esa que consiste en estar monitoreando y visitando los posibles clientes del país, viendo cuáles servicios están compitiendo con los nuestros para hacer las adecuaciones legales y regulatorias necesarias y así, mantenernos siempre vigentes. Mientras no hagamos algo parecido, seguiremos atendiendo un mercado cada vez menor y menos competitivo.
El autor es directivo de Movin
