La reciente declaración de Nicolás Maduro de que “quien se mete con Venezuela, se seca” es un intento desesperado de intimidar a quienes defienden la libertad y la justicia en la región. Esta advertencia, impregnada de superstición caribeña, donde el autoritarismo se mezcla con la santería y el pensamiento mágico, busca sembrar miedo, pero en Panamá no encontrará terreno fértil.
Con esas palabras, Maduro no solo lanzó una amenaza política; también evocó tradiciones religiosas y culturales que históricamente han sido utilizadas para consolidar el poder en regímenes opresivos. Sin embargo, en Panamá no nos amedrentamos. Nos impulsa nuestra historia, las lecciones que hemos aprendido y, sobre todo, la solidaridad con nuestros hermanos venezolanos, que hoy sufren una brutal represión al alzar la voz contra el fraude electoral, obligados a una migración masiva debido a la violencia y la falta de oportunidades producto de la dictadura.
Cuando Maduro habla de una “olla de presión” en Panamá, nos hace pensar que podría apoyar manifestaciones violentas en nuestro país, bajo la fachada de reivindicaciones sociales, para subvertir nuestro orden sociopolítico. No es la primera vez que sospechamos de su influencia en algunas manifestaciones violentas dentro de nuestro territorio. Sin embargo, sabemos que los panameños no permitirán que estas maniobras pongan en peligro nuestra democracia.
En este momento crucial, recordamos la Doctrina Betancourt, que desde hace décadas nos guía en la defensa de la democracia, no solo en nuestro país, sino en toda la región. Apoyar al pueblo venezolano en su lucha contra un régimen autoritario no es solo un acto de compasión; es una obligación moral y un deber de todos los que valoramos la libertad.
El presidente José Raúl Mulino ha sido claro: la democracia no se negocia. En esta postura firme cuenta con el respaldo de la mayoría que defiende los valores democráticos. No es una intervención en asuntos ajenos, sino un acto de solidaridad con aquellos que, como nosotros, luchan por su libertad. Es un eco de la tradición de nuestros predecesores, que nunca dudaron en alzar la voz contra la injusticia.
Como ciudadanos y como nación, nos mantenemos firmes junto al pueblo venezolano, no solo porque compartimos su dolor, sino porque sabemos que defender la democracia en cualquier rincón de América Latina es proteger nuestra propia libertad. Panamá, pequeña en territorio pero grande en principios, no se secará, señor Maduro. Nuestras raíces están profundamente arraigadas en la tierra fértil de la democracia. Estas son las fuerzas que resistirán cualquier tormenta, venga de donde venga. Ante sus amenazas, nos unimos al clamor del rey emérito de España: “¿Por qué no te callas?” y añadimos: “Publiquen las actas y reconozcan la voluntad del pueblo”.