La victoria de Trump en 2024 se explica por su apuesta total al populismo y la estética. El expresidente identificó que, en el siglo XXI, el voto se gana apelando a emociones más que a datos, y explotó esa realidad al máximo. Retomó grandes mítines con un tono de “reality show”, mensajes simples y contundentes, y una presencia mediática incesante. Esto le permitió ampliar el dominio republicano en regiones que antes eran solo parcialmente conservadoras, aprovechando la fuerza de su retórica y el descontento latente con el establishment.
El antecedente de Huey Long
Huey Long, apodado “El Dictador de Luisiana”, fue gobernador de Luisiana en los años 30 y encarnó un populismo parecido. Su lema, “Every Man a King”, ofrecía a cada ciudadano la promesa de convertirse en artífice de su propio destino. De igual modo, el magnetismo de Trump giró en torno a un discurso de empoderamiento popular y denuncia contra las élites. La experiencia de Long también enseña que tales movimientos dependen casi por completo de la figura central: cuando Long falleció, su movimiento se disolvió. Así, el futuro de la base trumpista tras Trump no está garantizado, pues su energía depende en gran medida de su líder.
De la moderación republicana al “all in” de Trump
Antes de Trump, el Partido Republicano se movía de forma gradual hacia un conservadurismo más moderado, buscando agradar a votantes independientes. Trump irrumpió con una estrategia más frontal: retórica combativa, promesas grandilocuentes y una clara distancia de los tecnicismos. Este cambio radical atrajo a sectores que se sentían ignorados y consolidó la imagen de un partido fuerte y combativo, pero también polarizó el panorama político.
El reto demócrata: diversidad e imposibilidad de un “all in”
Los demócratas, en cambio, agrupan a minorías y colectivos con intereses muy distintos, lo que dificulta un mensaje único y agresivo al estilo de Trump. Además, se han visto afectados por fallos de gestión (como el despilfarro de fondos de campaña de Kamala Harris) y por la falta de candidatos con el carisma que alguna vez representó Obama. Para competir, el partido necesita un liderazgo con personalidad magnética y una narrativa que conecte emocionalmente, pero sin sacrificar la amplitud ideológica que caracteriza a la base demócrata.
Un “all in” populista sería inviable en un electorado tan plural; en su lugar, deben reforzar una propuesta moderada y coherente, sumada a una estética y una comunicación más vibrantes. Solo así podrán mantener la competitividad sin desintegrar su coalición de diversos sectores.
¿Qué implicaciones tiene esto para la política panameña?
Los partidos tradicionales de Panamá, como el PRD y el Panameñista, enfrentan una crisis similar a la que sufrieron los republicanos tradicionales frente a Trump en Estados Unidos. En las elecciones de 2024, su declive en votos refleja el agotamiento del electorado con el establishment político y su desconexión de las necesidades reales de la población.
Aunque no fue el caso de las elecciones de 2024, así como Trump desplazó al ala moderada del Partido Republicano con un discurso populista y emocional, en Panamá un nuevo tipo de candidatos puede captar el descontento, proponiendo mensajes simples y directos con promesas que resuenan con el pueblo. Esto puede dejar a los partidos tradicionales rezagados, sin un liderazgo carismático ni una narrativa que conecte emocionalmente con los votantes.
Si desean recuperar relevancia, los partidos tradicionales deben simplificar su mensaje: menos promesas, pero más claras y directas. Deben abandonar la retórica vaga y enfocarse en pocos temas prioritarios que realmente conecten con las preocupaciones de los votantes, como el costo de vida, el empleo y la lucha contra la corrupción. Solo así podrán reconstruir su base de apoyo y evitar quedar relegados frente al nuevo tipo de líderes que ya dominan el descontento ciudadano. Menos es más: claridad y acción superan la saturación de promesas incumplidas.
El autor es analista de datos.

