Hoy martes inicia un nuevo período legislativo en la Asamblea Nacional. Como he comentado anteriormente, “desde mi balcón” no veo cambios significativos en el Palacio Justo Arosemena, pues a veces pareciera que seguimos cooptados por las malas influencias del pasado político, que tanto nos ha costado y nos sigue costando.
Sin embargo, haré un análisis de algunas posibilidades que pudieran darse, dado el hecho de que algunas ya han sido expresadas públicamente y otras no lo han sido tanto, pero hay quienes comentan que las “negociaciones”, trabajos ortopédicos y demás yerbas similares no se están dando dentro del recinto legislativo, sino más bien afuera y, en algunas ocasiones, bastante lejos de donde deberían darse.
En ese sentido, vemos un primer escenario: que todas las fuerzas políticas que llevaron a la actual junta directiva a ser electa se vuelvan a alinear para imponer a una candidata cuya designación, como es de esperarse, no fue hecha en Panamá Oeste ni siquiera en el país. Si esto se da, se necesitaría de mucha “matraca”, en todos los sentidos de la palabra.
Otra opción que se está considerando es que esa amalgama lograda en julio de 2024 no se pueda volver a concretar, y que ese lado de la balanza no consiga los votos suficientes para designar la junta directiva. Esto, porque uno de los partidos que votó en esa alianza ha estado considerando seriamente lanzar su propia nómina, encabezada por ellos y con un “pick a side” para las otras posiciones.
De darse esta situación, sería una gaznatada de marca mayor para el convicto ausente, que volvería a perder otra elección. Esta coyuntura podría beneficiar al actual presidente de la República, pues le daría un espacio de negociación y evitaría verse sometido al chantaje que a veces se le presenta.
Otra posibilidad es que todos los que no comulgan con la bancada “oficialista” (entre comillas, pues es oficialista de nombre) lancen un nuevo “arroz con pollo” con condimentos que hasta ahora no se podían combinar. Este “lado” podría recibir algún tipo de apoyo individual de algunos que, en la vuelta anterior, se alinearon con la nómina ganadora.
Si esta última opción se materializa, podría abrirse una oportunidad de negociación tanto entre bancadas como con el Órgano Ejecutivo, lo que quizás permitiría fortalecer la desgastada imagen de un Legislativo que no termina de salir del fango donde ha estado por mucho más tiempo del que quisiéramos. Hasta cierto punto, fortalecería la democracia y podríamos, quizás, ver un verdadero Primer Órgano del Estado.
Sin descartar algún “almojábano” que pudiera surgir, podría darse la discusión de temas de mayor importancia y trascendencia para las grandes mayorías. Procedo a esbozar algunos de estos temas, no necesariamente en orden de prevalencia:
La reforma al reglamento interno de la propia Asamblea (RORI), cambios que han sido solicitados no solo por algunos diputados de forma individual, sino por importantes sectores de la vida nacional.
Las reglas para el próximo torneo electoral, que regirán las siguientes elecciones y muchas otras decisiones vinculadas a este proceso. Es importante que la representación de las iglesias y clubes cívicos en la comisión del Tribunal Electoral respectiva conserve la preponderancia que siempre ha tenido.
El tema de considerar la reapertura de la mina de Donoso, lo cual requeriría que los diputados levanten la veda impuesta por ellos mismos. El Estado podría volver a explotar una concesión, con la diferencia de que esta debería cumplir con los más altos estándares de seguridad y cuidado ambiental.
En lo personal, me gustaría que se profesionalizara la carrera pública. Pero esto, desde mi punto de vista, debe incluir una limitante: que no se realice todo de una vez, sino periódicamente, de modo que al finalizar una quinta administración presidencial tengamos servidores públicos capacitados, profesionales, y que no tengan que pertenecer a un partido político para ganarse el pan de cada día.
Otro tema que debe comenzar a atenderse —aunque no considero que sea tarea de un solo período— es la revisión de la educación en Panamá. He escrito en múltiples ocasiones sobre esto, pero ha llegado el momento en que no podemos seguir toreando esta responsabilidad ni mucho menos patear la lata para una nueva administración.
Considero que hay varios otros temas pendientes en el tintero de los diputados, y que no deberían perder el tiempo en asuntos que más bien deberían ser responsabilidad de las juntas locales y de los representantes de corregimiento.
¡Llegó el momento de asumir las responsabilidades para las que fueron electos!
El autor es dirigente cívico y analista político.
