Este 11 de julio se conmemoran 65 años de la muerte de Polidoro Pinzón Castrellón, joven patriota panameño cuya vida quedó unida para siempre a una de las páginas más intensas de nuestra historia republicana. Su muerte, ocurrida en 1961, representó la pérdida de un hombre que, junto a otros jóvenes de su generación, creyó que Panamá necesitaba una profunda transformación política, social y económica para alcanzar mayores niveles de justicia y dignidad.
Más allá de las distintas interpretaciones que la historia pueda ofrecer sobre aquellos acontecimientos, existe una verdad difícil de desconocer: Polidoro Pinzón Castrellón encarnó el idealismo de una juventud convencida de que una Nueva Patria era posible de construir entre diferentes, pero en igualdad y justicia. Su nombre continúa evocando el compromiso, el sacrificio y la determinación de quienes estuvieron dispuestos a entregar incluso su propia vida por aquello que consideraban el bienestar colectivo supremo de la nación.
Su legado de amor y valentía lo llevó, junto a una veintena de jóvenes soñadores e idealistas, a emprender, el 3 de abril de 1959, en las faldas del cerro Tute, en Santa Fe de Veraguas, una acción que sería recordada como uno de los primeros movimientos revolucionarios de la historia contemporánea de Panamá. Aquellos jóvenes no perseguían beneficios personales ni privilegios individuales. Los movía la esperanza de una República más justa, donde la riqueza nacional estuviera al servicio de todos y donde las oportunidades alcanzaran a las grandes mayorías.
Los años han transcurrido y el país ha cambiado. Sin embargo, muchas de las inquietudes que inspiraron a aquella generación siguen presentes bajo nuevas formas. La desigualdad social, la pobreza extrema, la concentración de la riqueza en pocas manos, la desconfianza hacia la institucionalidad del Estado, la criminal corrupción, la falta de oportunidades para la juventud y la creciente demanda de una democracia más democrática y participativa continúan siendo temas que ocupan el centro del debate nacional.
Precisamente por ello, recordar a Polidoro Pinzón Castrellón no debe limitarse a un ejercicio de memoria histórica. Debe convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué Panamá queremos construir durante las próximas décadas. La historia tiene sentido cuando ilumina el presente y orienta el futuro.
Hoy resulta inevitable establecer un paralelismo entre aquella llama de esperanza encendida hace más de seis décadas y la idea del nacimiento de una Quinta República. No como una ruptura con nuestra identidad nacional, sino como el inicio de una nueva etapa institucional capaz de fortalecer la justicia social, la democracia, la transparencia y el desarrollo humano. Una Quinta República que adopte como política de Estado la descentralización autónoma de las provincias en los ámbitos administrativo, político y económico, reconociendo que el desarrollo nacional solo será sostenible cuando cada territorio pueda planificar autónomamente e impulsar plenamente sus propias capacidades.
Esa visión encuentra su expresión en una nueva filosofía de identidad nacional: “Pensar provincialmente para actuar nacionalmente”. No para fragmentar la República, sino para fortalecerla desde sus regiones, respetando las particularidades de cada provincia y reconociendo el valor histórico, cultural y territorial de las tierras colectivas comarcales como parte esencial de nuestra nación. Desde esa perspectiva puede consolidarse una auténtica geocultura social panameña, donde la diversidad territorial deje de verse como una diferencia y se convierta en una fortaleza para el crecimiento y el desarrollo nacional.
La quinta hoguera de Polidoro Pinzón Castrellón simboliza precisamente esa continuidad histórica. Ya no representa el fuego de la confrontación, sino la luz de una conciencia nacional renovada. Es la llama que mantiene vivo el deseo permanente de perfeccionar el nacimiento de nuestra Quinta República con paz, diálogo social, convivencia democrática y prosperidad económica para todos.
Toda nación madura llega al momento de cerrar definitivamente los capítulos de violencia política que marcaron parte de su pasado. Panamá no debe ser la excepción. La mejor manera de honrar a quienes lucharon conforme a sus convicciones consiste en construir una sociedad donde ningún joven vuelva a sentir que la entrega de su vida y la confrontación constituyen el único camino para producir cambios nacionales.
La Quinta República solo tendrá sentido si logra convertirse en un gran acuerdo nacional que coloque a la persona humana en el centro de todas las políticas públicas. Un país donde la educación forme ciudadanos libres y críticos; donde la salud sea verdaderamente accesible; donde el trabajo digno permita vivir con decoro; donde la justicia sea independiente e igual para todos; y donde la riqueza generada por el esfuerzo colectivo contribuya a disminuir las profundas desigualdades que todavía afectan a miles de familias panameñas.
La prosperidad no debe ser privilegio de unos pocos. Debe convertirse en patrimonio compartido de toda la nación. Un Estado moderno no puede conformarse únicamente con el crecimiento económico; debe procurar que ese crecimiento llegue efectivamente a cada provincia, a cada distrito, a cada comunidad y a cada hogar panameño.
Las nuevas generaciones merecen heredar un país donde puedan desarrollar sus proyectos de vida sin verse obligadas a emigrar por falta de oportunidades, donde la innovación, el conocimiento, la cultura y el trabajo sean las herramientas para construir un futuro de bienestar colectivo. Ese es el verdadero significado de una patria renovada.
Sesenta y cinco años después de la muerte de Polidoro Pinzón Castrellón, la mejor forma de mantener viva su memoria no consiste en exaltar los enfrentamientos del pasado, sino en rescatar los ideales superiores que inspiraron a su generación: el amor por Panamá, la búsqueda de justicia, la solidaridad y la aspiración permanente de construir una sociedad mejor.
Que la quinta hoguera permanezca encendida como símbolo de esperanza y nunca más como anuncio de confrontación. Que ilumine el nacimiento de una Quinta República cimentada sobre la democracia, la descentralización territorial, el respeto a la diversidad nacional, los derechos humanos, la justicia social, la paz y la prosperidad compartida. Que esa sea la gran obra de nuestra generación y el legado que entreguemos a quienes hoy construyen el Panamá del mañana.
Porque solo cuando los sueños de una juventud pueden realizarse mediante la participación democrática, el diálogo, el trabajo, la equidad territorial y la igualdad de oportunidades, una nación demuestra que ha aprendido las lecciones de su historia. Ese será, sin duda, el homenaje más digno a Polidoro Pinzón Castrellón y a todos aquellos panameños que alguna vez imaginaron una Nueva Patria más justa, más libre y más próspera para todos.
El autor es abogado y sindicalista.

