Dicen que “el que pregunta no ofende” y que se obtienen buenas respuestas de buenas preguntas, pero, en Panamá, donde hasta Dios parece haber cambiado de nacionalidad, preguntar es un deporte de riesgo. Los que deben responder se molestan porque les hacen preguntas pertinentes que no quieren contestar, en este caso, los políticos aspirantes, sobre todo los independientes, que pretenden el voto sin responder qué es lo que proponen.
Jostein Gaarder, en El mundo de Sofía, escribe: “Los que preguntan, son siempre los más peligrosos. No resulta igual de peligroso contestar. Una sola pregunta puede contener más pólvora que mil respuestas” (página 82), y creo que ha llegado el momento de dinamitar esta costumbre de no responder sobre qué se pretende hacer al llegar al poder y más aquellos independientes que aspiran a cambiarlo todo: esperar unos meses antes de las elecciones para decirnos cómo piensan cambiar este sistema, es contribuir al gatopardismo: “cambiarlo todo para que nada cambie”.
La independencia política no es solo no pertenecer al sistema; es aportar otro sistema, explicarlo, ponerlo en marcha. Queremos saber ahora qué harán y con quién van a hacerlo. Tenemos que saber quiénes van a enfrentar el problema del Seguro, quién va a encargarse de justicia, la seguridad y la economía, necesitamos que se genere ilusión para salir de la resignación. No se trata de acciones sueltas ni consultas formales; se trata de presentar ya qué van a hacer al día siguiente de ser elegidos. Los que gobiernan ahora ya sabemos que seguirán en lo mismo.
¿Por qué no hacen una gran alianza y aprovechan los buenos perfiles de las tres formaciones? ¿Es que hay intereses personalistas que lo impiden? ¿No necesitamos más que nunca un gobierno de concentración nacional que deje fuera de las instituciones a los corruptos? Toca ser peligroso, toca preguntar, toca exigir respuestas. El futuro es ahora y el que no responde no sabe para dónde va o es cómplice del “más de lo mismo”.
El autor es escritor.
