El 9 de agosto celebramos el natalicio de Justo Arosemena, cuyo pensamiento atemporal le ha garantizado su reconocimiento como uno de los juristas más prominentes, no solo en Panamá durante el siglo XIX, sino en el mundo, y aún en nuestros días.
Por ello, la sociedad, en su conjunto, desde la esfera pública y la privada, ha aunado esfuerzos para conmemorar la vida, obra y pensamiento de don Justo Arosemena. Uno de ellos es la exposición “Las preguntas de don Justo”, ideada por la doctora Marixa Lasso, con el apoyo del Comité Organizador de la Conmemoración del Bicentenario del nacimiento de don Justo Arosemena y el Museo del Canal Interoceánico.
La exposición tiene como objetivo mostrar el contexto sociopolítico en el que vivió Justo Arosemena, de una forma accesible y de fácil comprensión, se describe una sociedad multicultural, cuyos valores democráticos estaban en desarrollo, y las preguntas que, en su momento, Justo se planteó y cuyas respuestas le servirían de línea de partida para el proyecto de nación que se estaba cultivando en esos momentos.
¿Qué es la nación? ¿Cuál debe ser el rol del Estado? ¿Y la participación de la Iglesia? ¿Hacia dónde vamos? Son algunas de las preguntas que sabiamente Justo se formuló, ciertamente él entendía que definir una ruta y un plan de acción, eran el primer paso para alcanzar los objetivos.
Así, a nosotros, como ciudadanos, nos corresponde preguntarnos ¿dónde estamos? ¿Hacia dónde vamos como país? ¿Cuál debe ser el límite del Estado? ¿Y la participación de la Iglesia? ¿Tomaremos medidas para desacelerar la migración? O en cambio, ¿derogaremos toda norma que establezca diferencia entre nacionales y extranjeros?
Justo cuestionaba el statu quo y comúnmente defendía posturas “radicales” para su tiempo. Para él, no podía haber ciudadanos de “segunda categoría” como lo eran las mujeres, sin derecho a voto; o los afrodescendientes, cuando aún no se había abolido la esclavitud. También, defendía la postura de que la Iglesia no debía interferir en las labores del Estado, mucho menos en la educación, y que el poder debía ser distribuido entre los municipios ya que no había mejor autoridad que la local para resolver los problemas de las comunidades.
Justo se replanteó las instituciones políticas, estudiando si el modelo hasta ese momento utilizado era realmente efectivo para mejorar el futuro de las naciones. Lo anterior es fundamental, toda vez que el Estado no es un ente ficticio que se construye solo, así como las libertades no están garantizadas para nadie.
Como ciudadanos tenemos la responsabilidad de cuestionar y debatir para mejorar el modelo social, político y estructural existente. Es necesaria la urgencia social por querer mejorar nuestro entorno y nuestra situación. La democracia, según Justo, se cristaliza de abajo hacia arriba. Es decir, somos los individuos quienes debemos trabajar por el modelo de sociedad que estamos buscando y quienes poseemos el motor que impulsa las sociedades, instituciones y los gobiernos.
Las preguntas de Justo contemplan varias respuestas, sin embargo, el futuro de nuestra nación depende de que varias preguntas surjan con cada una de esas respuestas.
La autora es miembro del Círculo Bastiat de la Fundación Libertad.
