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POLíTICAS PúBLICAS

Las preguntas de don Justo

¿A quiénes corresponden los beneficios derivados de la utilización de nuestro patrimonio nacional? Los clásicos (esos que nadie lee) ofrecen referencias importantes para atender esta cuestión, relevante a la comunidad política en todos los tiempos.

Una lógica de dominación autocrática u oligárquica –expuesta en textos como La historia de la guerra del Peloponeso, de Tucídides, y El príncipe de Maquiavelo– aduce que cualquiera que tenga la pericia, el poder, la astucia o las conexiones requeridas puede apropiarse dichas utilidades. En el diálogo entre los atenienses y los habitantes de Melos (Libro V de su Historia), Tucídides resume así esa lógica: “Los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben”.

En contraposición, una lógica democrática, vinculada al principio de soberanía popular, indica que el aprovechamiento del patrimonio nacional debe beneficiar prioritariamente al conjunto de personas que comparten nuestra nacionalidad, según criterios de universalismo, equidad y transparencia.

El asunto no es descabellado ni obsoleto, como lo demuestra la polémica alrededor del aumento del costo de la electricidad: un bien que se genera, mayormente, a partir de recursos nacionales (nuestro caudal hídrico, eólico y solar).

Tampoco es la primera vez que se plantea. Muchos años atrás, en relación con nuestro potencial para la comunicación interoceánica, Justo Arosemena se preguntó: ¿para quién sería la ruta?

Aun antes del inicio de la construcción del ferrocarril transístmico, el Dr. Arosemena explicaba la necesidad de asegurar, mediante políticas públicas razonables y democráticas, que la modernización de la ruta de tránsito sirviera al pueblo panameño. Sin políticas adecuadas, “los buques pasarían el canal sin dejar otro rastro que el desconsuelo de verlos alejarse con las riquezas destinadas a otros países”, escribió en su Examen sobre la franca comunicación entre los dos océanos por el istmo de Panamá (1846).

Esta es una de las preocupaciones del padre de la nacionalidad panameña, presentadas en la exposición “Las preguntas de don Justo”. La exhibición, ideada por la historiadora panameña Marixa Lasso, profesora en la Universidad Nacional de Colombia, abrió anoche en el Museo del Canal Interoceánico y se inició con un coloquio sobre algunas reflexiones del Dr. Arosemena, muy relevantes a nuestra contemporaneidad.

Desde la renovación del paso transístmico, a mediados del siglo XIX, la ruta interoceánica fue explotada en favor de intereses ajenos a la colectividad.

Durante casi 150 años (1855-1999), el ferrocarril y, luego (especialmente), el Canal, fueron operados en función de los objetivos mercantiles y estratégicos de Estados Unidos. El cumplimiento de estos fines obstaculizó el mejoramiento económico y social de Panamá. La oposición de Washington impidió que, a inicios de la república, Panamá construyera una red ferroviaria nacional, lo cual hubiese transformado el perfil socioeconómico del país. Además, estancó el desarrollo portuario y retrasó el establecimiento de comunicaciones radiofónicas y aéreas, como lo narra el profesor McCain en The United States and the Republic of Panama (1937).

Tal cual lo temió Justo Arosemena, durante los años de control estadounidense el Canal construido en territorio panameño, que opera a partir del agua y la mano de obra istmeña, aportó limitadamente al desarrollo nacional.

Desde que Panamá se hizo cargo de la administración de la vía acuática, la contribución directa del Canal al tesoro nacional ha sido sustancial, superando los 13 mil millones de dólares entre 2000 y 2018 (La Estrella de Panamá, 2 de enero de 2018).

Una tarea pendiente, que el Dr. Arosemena reclamaría, es el cálculo del impacto socioeconómico de ese aporte.

Mientras alguna entidad estatal o académica la emprenda con seriedad, persistirá la sospecha, muy diseminada, de que ese dinero se despilfarra en clientelismo, politiquería y corrupción, incluyendo los numerosos subsidios que otorga el Estado (algunos, injustificados), las planillas 080 y 172, y las adendas y sobreprecios que suelen abultar el costo de las obras públicas que se realizan en Panamá, muchas veces estrafalarias y defectuosas.

Las preguntas de don Justo abordan la ruta transístmica, como ya hemos visto, pero, también, el ejercicio democrático del poder, el Estado laico y el papel de las localidades en la vida nacional, entre otros temas. Atañen a nuestra colectividad tanto hoy como cuando fueron formuladas. Conviene que reflexionemos sobre ellas y las lúcidas respuestas que les proporciona el padre de nuestra nacionalidad.

El autor es  politólogo e historiador y director de la maestría en relaciones internacionales en Florida State University, Panamá.


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