María es una mujer que estudió muchísimo, sacando una licenciatura y dos especializaciones.
En su momento fue la primera persona en todo el país en tener una de sus especializaciones, lo que junto con sus ganas, ímpetu y su alta moral, le dieron una calificación que la hacía muy valiosa, pudiendo ayudar a muchas familias, algunas muy conocidas en el país.
Hoy María es una mujer de la tercera edad, crió a su hijo que también es un profesional, y justo ahora que pensaba que podía gozar del descanso de la vejez se encuentra con que la aqueja una enfermedad crónica que le produce mucho dolor y deformidad en sus articulaciones, para la cual se requieren medicinas especiales y de alto costo.
Cualquiera pensaría que no es problema; María pago impuestos y seguro social por muchos años y contribuyó en los momentos más difíciles de nuestro país, y es al igual que muchos anónimos panameños trabajadores, responsable directa de los buenos momentos que viene viviendo Panamá desde hace más de 10 años; ella tiene su jubilación paga y su atención médica para el resto de su vida.
Pero la terrible realidad es que desde hace meses la Caja de Seguro Social (CSS) no tiene los medicamentos indispensables para María; tampoco tiene todos los medicamentos para pacientes con insuficiencia renal ni la terapia de pacientes con VIH.
Ahí surge la pregunta. ¿Por qué? ¿Es que no hay dinero? ¿Esos medicamentos están agotados a nivel internacional?
Los medicamentos no están agotados a nivel internacional, es solo que la Caja de Seguro Social no los tiene por diversos factores que no tienen justificación.
Ahora María y todos los pacientes en su condición y otros en peores circunstancias viven un infierno todos los días, teniendo derechos pero sin poder gozar de ellos porque algo o alguien se los impide.
¿Por qué? Porque vivimos en el país de los 21,670 millones de dólares de presupuesto estatal para un Estado de apenas tres millones y medio de habitantes, donde reina la impunidad para algunos privilegiados, donde existen casos de corrupción que ni siquiera se investigan, donde se construyen las carreteras más caras del planeta (que se dañan con dos lluvias), donde los diputados deben seguir las “líneas del partido” y no de sus electores, un país en donde un director/a de una institución te niega un trámite sin fundamento legal y de palabra (porque no se atreve a escribirlo pues sabe que es ilegal), donde el sin sentido cabalga rampante.
¿Por qué? Creo que es porque nosotros no nos hemos plantado a exigir que las cosas sean diferentes, preferimos actuar como ovejas sin hacer ruido porque luego el lobo me come, o mejor dicho… me “trancan mis trámites” o caigo en desgracia con los “poderosos”.
Mientras no digamos de frente y en voz alta lo que pensamos y exijamos cumplimiento, estaremos a merced de todo aquel que se crea rey, emperador, jeque o Dios bajado del cielo con potestad de aprovecharse de la ocasión y de mirar a todos los demás como servidores y no como ciudadanos a los que se deben.
Respetemos, pero exijamos que nos respeten y que respeten nuestros derechos; los funcionarios no están haciendo un favor a nadie, están ahí para servir. Los privados hagamos un esfuerzo por ser más honestos, generosos, justos y valientes, y seguro podremos forjar un mejor país y un mejor futuro para nosotros y nuestra descendencia.
El autor es abogado