Hace un par de semanas escribí un artículo titulado “El Sentir Panameño”, que recibió muchos elogios de gente que respeto y admiro. En él hablé de la necesidad de un paso siguiente en el que teníamos que contestarnos la pregunta “¿quiénes somos?”. Hoy me senté a hacer un esfuerzo por contestar eso mismo, pero antes de hacerlo, me encontré un artículo que había recortado de Ricardo Arturo Ríos Torres, titulado “Panamá, Parodia y Paradoja”, que es tan certero contestando la pregunta que no puedo más que adoptarlo con entusiasmo, con algunas ligeras licencias propias. El escritor Ríos nos describe así: “Somos hijos naturales de un parto difícil, doloroso y traumático. Somos muchos rostros en uno; somos una Nación multicolor y pluricultural que licuados surgimos con una personalidad sumativa con identidad propia: la panameña. Nuestro proceso creativo es permanente. Somos tolerantes, receptivos a las innovaciones, somos cosmopolitas. Aquí el cambio es cotidiano. Somos de decisiones instantáneas, del culto a lo inmediato, impulsivos. Somos peculiares. En tiempos de Noriega cerraron los bancos y sobrevivimos con creatividad y astucia. Somos efímeros, sin sentido institucional. La improvisación es habitual. El juega vivo nos lleva a buscar lo fácil , no acatar las leyes y burlarnos del orden establecido. Odebrecht comprobó que buscamos la ganancia especulativa sin esfuerzo y sin pudor . El saqueo de fondos públicos es un modo de vida. Somos del montón y nos gusta pasar agachados y no ejercer nuestra responsabilidad ciudadana ante los problemas nacionales. Somos adictos a la filosofía del azar, la lotería es nuestro dorado. Somos fiesteros y alegres. Cualquier excusa sirve para una rumba. Somos solidarios, desprendidos y generosos. Somos extranjeros en nuestra propia tierra”.
Hasta allí la magnífica descripción del escritor Ríos.
Ahora, en esta mezcolanza de positivos y negativos, sin duda alguna que hay materia prima de sobra para –con base en nuestra exitosa historia como nación– construir, ladrillo sobre ladrillo una ciudadanía a tiempo completo que adquiera su responsabilidad como dueña del poder para exigir a los políticos de todas las banderas que cumplan con honestidad su obligación como servidores públicos y se comprometan a ese Plan 2030 que, como ciudadanos, ya tenemos construido.
Reitero que hay cinco desafíos fundamentales en los que todos estamos de acuerdo y cuya solución debe ser obligatorio a todo el que busca trabajo como administrador de nuestra cosa pública (léase, Presidente de la República).
1) Educación: como lo escribió Kevin González Ortega: “No podemos seguir con un sistema del Siglo XIX en espacios desfazados del Siglo XX para estudiantes del Siglo XXI. No podemos seguir presos de una Administración deficiente, burocrática y probadamente ineficaz en la que los propios docentes son víctimas. No podemos seguir robándole los sueños a nuestra juventud”. Kevin: nuestro próximo paso es diseñar un nuevo modelo de gestión y consensuarlo, para exigírselo a los candidatos a Presidente.
2) Sistema Judicial: El país no puede continuar con el árbitro de nuestra civilizada sociedad resquebrajada y corrupta desde la cabeza hasta el último juzgado. Se exige una reforma constitucional urgente por vía de dos asambleas. Ya exijámosla.
3) Agua: Existe un Plan Integral de Aguas. Adoptémoslo y hagamos las reformas radicales requeridas (no privatización) en el Idaan, para que ningún panameño deje de tener agua 24 horas al día.
4) La salud; no podemos permitir la explosión de la CSS, la entidad social más importante del país, y no podemos seguir con un sistema de salud dividido e ineficaz en el que los sectores mayoritarios del país sufren y mueren a diario.
5) Planificación: hay que recrear un ente de planificación para que los proyectos sean de Estado y no de gobierno. Ya existen entidades del Estado que planifican 40 años hacia el futuro... entre ellos el Canal y el Metro, pero debe haber una sola planificación del Estado consensuada con la sociedad. ¡El que no sabe hacia dónde va, nunca llega!
Volviendo a quiénes somos, sin duda alguna, somos capaces de cumplir con nuestra obligación ciudadana.
¡Nuestro profundo amor por nuestra tierra así lo exige!
El autor es fundador del diario La Prensa