Si algo había caracterizado electoralmente al partido social demócrata y torrijista, inclusive en su tránsito de partido de masas y doctrinario a entelequia política y clientelar, era el hecho singular y único de realizar “elecciones primarias” para la escogencia de la totalidad de su oferta electoral, que al final redundaba en cohesión política a lo interno y prestigio partidario a nivel general.
Con un número superior de prosélitos –más de 700 mil inscritos– de los necesarios para obtener la victoria electoral en las elecciones generales del 5 de mayo de 2024, sin alianzas negativas a la imagen para el futuro gobierno, como ha sido el caso del partido “bisagra” Molirena, que lejos de contribuir con un retrato de decencia y transparencia gubernamental lo que ha hecho es exhibir una cuota adicional a los escándalos políticos –cohecho- de la gestión de la diarquía (Laurentino Cortizo Cohen, Gabriel Carrizo Jaén), para infortunio de la mayoría de los panameños de a pie.
Con un gobierno que no puede mostrar logro significativo alguno, sino la percepción generalizada de todos los sectores del país de que en el Palacio de Las Garzas, el pasado año de 2019, se instaló una pandilla de facinerosos políticos, cuyo único propósito ha sido llenarse los bolsillos de dinero mal habido, con cargo al Tesoro Nacional, como para no tener que trabajar jamás en su vida; la remota posibilidad de repetir en la conducción política de la República se fundamenta, única y exclusivamente, en generar confianza en sus filas,a través de la más amplia y democrática participación electoral, a objeto de ofrecer al electorado su mejor cara, porque, sin duda, los torrijistas aún confían en la posibilidad electoral de recuperar para la gente decente el otrora partido de Omar, hoy rehén, al menos en su cúpula, de la plutocracia corrupta y de clientela política.
Es por eso que era vital para la democracia panameña que en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Revolucionario Democrático (PRD) estuvieran representadas todas las fuerzas de la sociedad panameña inscritas en el colectivo político. Sin embargo, el clientelismo político y la “política de la chequera” se impusieron, resultando la elección de los sectores políticamente más atrasados en la nueva conducción del otrora partido de Omar, hoy, tristemente transfigurado en una entelequia política electorera y bribona, integrada en su dirección política por elementos corruptos que no podrían justificar el origen lícito de sus millonarias fortunas y señalados en más de una ocasión por sectores políticos de poder, de entronizar en nuestro medio la “narco política”.
Por otro lado, para nadie es un secreto que el partido de Omar Torrijos, Antonio Yépez, Ascanio Villaláz, Gerardo González, Rómulo Escobar, Ramiro Vásquez y tantos otros patriotas arrinconados y echados al ostracismo, por una pacotilla de lumpen diputados que se tomaron por asalto la mayoría de los puestos en la directiva del PRD, los mismos que ahora pretenden acabar con una tradición democrática electoral de más de 30 años, dado el hecho que han entrado en pánico por la recia campaña de “no reelección” desarrollada por sectores politiqueros que a la sazón no proponen un cambio del sistema político, sino simplemente el “quítate tú pa’ ponerme yo”.
Tampoco se ignora que muchos de los diputados y miembros del CEN del PRD que han abanderado la propuesta de reservar candidaturas electorales para una supuesta alianza son los mismos que se reeligieron en la campaña electoral pasada mediante triquiñuelas electoreras, como es el caso del “gato” en Bocas del Toro y de “palillo” en San Miguelito, y los denominados diputados residuales, como el “doctor del ghetto”.
En síntesis, la propuesta de no realizar elecciones primarias para toda la oferta electoral del PRD, además de torpeza política, constituye un verdadero suicidio político. Y bien haría la cúpula en “rifársela” en las “elecciones internas”, porque, de lo contrario, no solo estarían asegurando una estrepitosa derrota electoral presidencial, sino también agenciándose una minúscula minoría en la Asamblea Nacional y en los gobiernos locales.
¡Así de sencilla es la cosa!
