A días de culminar el primer mes de internado en el Complejo Metropolitano Arnulfo Arias Madrid, he reconocido que el internado es como muchos compañeros, quienes ya han pasado por el proceso, comentan: “Un trabajo arduo y con pocas horas de descanso, una montaña rusa emocional y una oportunidad inigualable para crecer como médico para aquellos que tienen vocación y aman este bello arte”.
Entré con cautela al internado puesto que rumores, los cuales no han sido corroborados y se diseminan fácilmente, han seguido mi trayecto desde mi primera publicación en este diario.
Es por esto que los pilares en los cuales he basado mi trabajo este último mes son: el profesionalismo, el respeto y la disposición, puesto que el que trabaja con esta dirección no la debe y menos la teme.
Dentro de este mes he vivido en carne propia lo que es la escasez de medicamentos e insumos. Los internos todos los meses se ven en la necesidad de utilizar métodos alternos para sacar el trabajo adelante. Un ejemplo podría ser que diariamente debemos monitorear el azúcar en la sangre de los pacientes, la glucemia. Para esto, debemos utilizar un glucómetro y lancetas, objetos cortopunzantes que facilitan una toma de glucemia capilar del dedo del paciente. Nosotros los internos, la mano de obra, utilizamos agujas de diferentes calibres cuando no hay lancetas, lo que nos expone a un riesgo elevado de punción o autoinoculación de alguna enfermedad. Afortunadamente, el sistema en la Caja de Seguro Social tiene todo un protocolo sobre el manejo de estas situaciones, que precisamente busca evitar que se instaure alguna enfermedad en la eventualidad de que tengamos un accidente con cortopunzante. No obstante, dicho protocolo no disminuye el riesgo de que ocurra el accidente.
Tanto la cantidad de trabajo como el desgaste que puede llegar a tener un interno es considerablemente alto. Afortunadamente, nos auxiliamos con los residentes y demás miembros del personal del hospital que también se exponen al desgaste.
Tomando en consideración todas las publicaciones que hoy hablan del burnout y de cómo la eficacia del trabajo disminuye cuando se excede un número de horas laborales, me impresiona que aquí, en la Caja de Seguro Social, a pesar de que el número de horas laborales permanece elevado, se han realizado algunas adecuaciones, logrando que los turnos sean distribuidos entre más internos, y que generan una carga menor de trabajo, aunque aún significativamente alta. El New England Journal of Medicine presentó un artículo en 2018 cuyo título habla por sí solo, To Fight Burnout, Organize, o Para evitar el desgaste, organiza.
Los médicos somos entes de ciencia y cada día nos adaptamos a nuevas guías que presentan evidencia científica contundente.
No obstante, el sistema en el que trabajamos no permite que nos adaptemos a la evidencia que se ha presentado con respecto al burnout. ¿Cómo podríamos aumentar la mano de obra sin unas instalaciones donde haya espacio para ella? En un sistema en el que se trabaja con lo que se tiene y con deudas que impresionan, pareciera que no hay para pagarle a más nadie. No busco objetivar que los internos somos quienes más padecemos del burnout. Es evidente que los residentes también pasan por esto y que el personal de salud tiene una mayor predisposición.
Estoy agradecido con el servicio de Geriatría, por instruirme en mi primer mes. Este servicio tiene un personal de salud con alta preparación, que ha crecido desde que se fundó hasta ser una residencia en la cual hay más de 10 residentes, y se espera que este año, en junio, se integren nuevos aspirantes. Se estima que para 2050 la población geronte se triplicará, lo que hace de este crecimiento algo positivo de poder vivirlo.
La cadena de residentes, mis superiores, me han instruido sin ningún tipo de prejuicio, y como a todos los internos que aprenden a medida que trabajan, me han señalado mis faltas de manera apropiada, permitiéndome corregirlas para seguir creciendo.
Los sentimientos y emociones son volátiles cuando la responsabilidad y el deber tienen tanto peso, pero los médicos internos debemos todos exponernos a esto para aprender el valor de nuestra labor.
El autor es médico