La Caja de Seguro Social (CSS) fue por enésima vez noticia producto de una crisis recidivante, que nos hace pensar y creer una vez más que la solución al cáncer organizacional, económico, y político que padece desde hace décadas, depende de un director y su junta directiva, quienes deben tener la capacidad de gestionar y gerenciar una empresa del Estado con fórmulas de última generación para sacarla de cuidados intensivos.
Es de tontos a estas alturas pensar que un mesías resolverá la crisis de la Caja de Seguro Social, por lo que es importante recalcar que el Dr. Alfredo Martiz queda en deuda con los panameños, al no compartir e ilustrar con claridad meridiana, las razones reales de su retiro porque no es suficiente su carta, después de 16 meses de denuncias y destape de ollas de corrupción en el interior de la institución, para terminar retirándose por motivos familiares y personales. Dr. Martiz este país requiere de verdades “es bueno no hacer el mal, pero es malo no hacer el bien”.
Pero independiente de las respuestas que pueda brindar el señor Martiz, los ciudadanos debemos preguntarnos: ¿por qué estas crisis periódicas, cuál es el quid del problema?
Es bien sabido que esta entidad, orgullo y patrimonio de los trabajadores panameños, ha prestado un servicio humanitario y decisivo dentro del sistema de salud, a lo largo y ancho de la geografía de la nación en el tiempo de existencia, y no está quebrada, sus activos superan en reservas los 5 mil millones de dólares, además de sus edificaciones, nuevos proyectos en construcción, dotaciones, y el continuo crecimiento de la población trabajadora que ha engrosado el aporte, recaudo y fortalecimiento de la CSS en el tiempo. http://www.css.gob.pa/cifras_css2014.pdf
Estos hechos me permiten intuir que existe una situación atractiva para el sector financiero global, y que por su experiencia en Chile y la pesadilla causada en Colombia por ejemplo, saben lo jugoso del negocio de la salud, sin importar la satisfacción de los usuarios y mucho menos los resultados humanos después de más de 25 años de una mala experiencia. Por tal razón me atrevo a pensar que nos venden la idea de estas crisis periódicas, cada vez más graves, para que el imaginario colectivo del pueblo panameño quede convencido de que todo va mal dentro de la CSS, y compre la idea de que el Estado debe vender este patrimonio para garantizar una mejor prestación de los servicios de salud. Todo eso se viene haciendo a sabiendas de que la CSS no tiene dificultades en el mediano plazo, y que las realidades que preexisten son parte de un plan para justificar el cumplimiento de compromisos con la banca multilateral.
No debe extrañarnos que en los próximos años convoquen a un referéndum para que aprobemos la privatización de la Caja de Seguro Social.
Por estos días en Panamá los tecnócratas y gurús de la economía regional y nacional recomiendan y recuerdan a los gobernantes que la seguridad social debe ser privatizada porque los Estados no son eficientes, eficaces y efectivos en el manejo de las pensiones, servicios de salud, compra y dispensación de medicamentos, y un largo etcétera.
Lo que no dicen y nos explican es que por un lado el Banco Mundial impulsa la privatización y la gestión comercial de la seguridad social en todos los países, y por el otro lado el Fondo Monetario Internacional, antes de otorgar préstamos de alto valor al país le hace una serie de exigencias que debe cumplir en concordancia con los lineamientos del Banco Mundial.
Una respuesta inmediata nos lleva a exigir al gobierno actual y comprometer a los que vienen a no privatizar la CSS, porque allí radica el quid del problema, la salud no es un negocio.
Es hora de escucharnos y de pronto descubrir si existen manos peludas que están detrás de cada crisis, y asustarnos menos cuando por culpa de la negligencia ciudadana estemos cerca del infierno.
El autor es químico, farmacéutico y escritor.