La madurez política de nuestro pueblo desde la restauración de la democracia debe conducirnos a un mayor nivel crítico frente a las próximas elecciones, para las cuales ya se conocen algunas aspiraciones y se esperan otras, tanto de los partidos tradicionales como de libre postulación.
Debemos, entonces, preguntarnos cómo hemos de actuar para hacer valer nuestro voto a nuestros escogidos porque creemos que cumplen con nuestras expectativas y corresponden a las reglas del bien común como un compromiso serio que les compete.
No se trata solamente de que nos prometan cielo y tierra, sino realidades. Pero, sobre todo, se trata de que nosotros les digamos lo que queremos.
Los distintos analistas políticos nos hablan claramente de problemas que deben ser atendidos, en lo social, lo económico, lo laboral, educativo y de salud y derechos.
Como periodista y político retirado, señalo, plenamente convencido, que el más importante campo de acción para encaminar el país hacia el mayor bienestar común y la perfección y plenitud de los ciudadanos como personas, en una comunidad humana de democracia y libertad, es trabajar en favor de la familia, fortaleciéndola en todos sus aspectos como célula fundamenta de la sociedad.
Además, la lucha contra la corrupción, referida solamente a coimas y contratos, (convertida en arma política) debe dirigirse a eliminar la corrupción de los valores éticos y morales promovidos, ven proyectos de leyes de educación sexual intencionalmente mal entendidos, en la perspectiva ideológica de género.
Pues, sucede que la familia es, también, el objetivo principal de la guerra cultural (así la ha definido la Iglesia) que se lleva adelante en el mundo actual, desde las Naciones Unidas, con el trabajo subversivo, silencioso e hipócrita de células políticas del llamado Colectivo LGBT (homosexuales y lesbianas) y de “las izquierdas”, movidos por la ideología de género. Estos grupos se activan en todas partes. Y los políticos tradicionales de corte “progresista” se hacen los que no entienden, porque son de ellos, o les tienen miedo.
La lucha contra la familia es silenciosa y revestida de modernidad y progreso. Sus activistas son reclutados de las filas de intelectuales y profesionales de varias disciplinas, principalmente de derecho, la medicina y el periodismo.
Pero, en nuestro pequeño país es en donde peor les ha ido a los promotores internacionales de la ideología de género, sobre todo desde la presidencia de Ricardo Martinelli y la del actual mandatario, Juan Carlos Varela, a pesar de que los del género cuentan con políticos de alto perfil en el gobierno, y las atrevidas intervenciones del embajador norteamericano en favor de los LGBT.
Estas posturas democráticas es defendida en nuestro país, principalmente por la organización Alianza Panameña por la Vida y la Familia, además de las Iglesias católica, judía y evangélica. ¿Candidatos antifamilia? Ni pensarlo.
El autor es periodista y docente universitario