Dentro de los procesos de cambio social, hay procesos de cambios individuales, es decir, para que una masa de personas se movilice hacia un cambio de paradigma, seguramente pasaron por un proceso. En él pudieron salir de la cueva y descubrir lo que realmente los estaba oprimiendo y por tanto, reconocer qué es lo que desean cambiar, en pro de un mejor pronóstico de vida.
Hoy en día las disidencias, en los ámbitos tanto feministas como lgbtiq+ y nuevas masculinidades, hacemos mucha referencia al término deconstruirse. Sin embargo, filosofamos poco sobre el significado real de este proceso, lo cual nos lleva a señalamientos por comportamientos patriarcales naturalizados, a burlas, siempre con el ojo en el otro y poco a lo interno, poco al espejo. Porque es innato del ser humano clasificar, etiquetar, para organizar pensamiento, lados, historias.
Parece muy fácil entrar en el proceso. Sin embargo, el deconstruirse es un camino que implica comenzar a mirar desde otras perspectivas posibles, maneras escondidas frente a lo ya conocido. Empieza con entender que todos estamos bajo el mismo sistema de crianza represor, con una educación que limita el pensamiento creativo y el pensamiento crítico. Como sabemos las carreras o materias dentro del ámbito de las humanidades, letras y arte, no son consideradas para el sistema educativo como fundamentales y muchas veces se prescinde de ellas.
Por tanto, al empezar la deconstrucción individual, podemos empezar a entender por qué hay conceptos que se han ido construyendo como si fueran incuestionables, naturalizan, acciones y formas de pensamiento que en realidad son construcciones sociales, como el pensamiento binario, entre otras cosas. Con esto quiero decir que el viaje hacia la deconstrucción está lleno de conflictos. La deconstrucción no calma, problematiza, nos hace conscientes, es decir, desestabiliza.
El conflicto es bueno, no implica violencia, implica diferencias, por tanto, es necesario para la vida, nos hace pensar sobre lo que nos rodea y nos ayuda a caminar para muchos lados. La base de todas las ciencias está en la problematización. Gracias a ello se descubre, se crea, se abren nuevos paradigmas y gracias al pensarnos desde otras perspectivas avanzamos. Donde no logramos ampliar la mirada, y no logramos pensarnos los conflictos desde otros lugares, no encontraremos salida, no hay avance, porque cuando solo hay una visión de las cosas, entonces hay violencia; cuando solo es aprobado un panorama de la realidad, significa que se está reprimiendo y destruyendo otros.
Entendemos que el proceso de deconstrucción implica tirar abajo esos dogmas que nos han impuesto y construir una realidad más amplia, antidogmática, lo cual no es fácil; poner sobre la mesa privilegios, empezar a mirar que somos o hemos sido en algún momento tanto opresores como oprimidos, duele. Tenemos que entender que al final todo puede ser diferente, que la persona en la que queremos convertirnos tiene el derecho a equivocarse, enfrentarse y volver a empezar. Que estamos siempre proyectando en el otro nuestra subjetividad, por ende, nos toca cuidarnos y deconstruirnos y reconstruirnos desde adentro.
La autora es actriz y gestora cultural
