A mi esposo y a mí nos encanta ver series de televisión sobre policías, detectives, médicos y otros que son de acción, intriga o suspenso. Somos tan fanáticos, que si no los podemos ver en directo, los grabamos para verlos más tarde. En el transcurso de los años, hemos notado que cada vez más y más usan esta famosa y muy popular frase: “¡Te lo prometo!” .
Esa frasecita se ha vuelto tan común que Raymundo y todo el mundo anda prometiendo cosas que saben que no van a cumplir. ¿Por qué lo hacen? ¿Para tranquilizar a la persona? ¿Porque creen en su interior que de pronto lo pueden cumplir? ¿Porque lo toman como un decir y no lo dicen en serio? Personalmente, cuando alguien me hace una promesa, yo estoy esperando que la cumpla. Y al cumplirla, yo respondo a la misma. Hay un compromiso entre los dos. Es lo que se llama “un camino de doble vía”. Si yo le prometo a alguien que le voy a prestar $20 para la compra del juguete de Navidad para su hijo, esa persona está contando con esa plata para darle ese regalo a su hijo. Si yo le prometo a mi futuro esposo amarlo, cuidarlo, estar con él en las buenas y en las malas, en enfermedad y salud, eso es lo que él está esperando que ocurra al unirnos en matrimonio. Y así puedo dar muchos ejemplos más.
Pero, para que se efectúe correctamente una promesa, no solo hace falta hacerla y cumplirla, sino también aceptarla, estar satisfecho, conforme con lo prometido. ¿Cómo es eso? Cuando acepto que la promesa se ha cumplido a nuestra completa satisfacción. Si prometiste darme $20 y solo me das $10, no estás cumpliendo. Si una persona promete que va a hacer un puente peatonal sobre un río, la comunidad está esperando algo decente y seguro. Pero, cuando lo terminan ven que es de tablas con sogas, ¿se cumplió la promesa? No. La promesa se rompió porque el proceso de cumplimiento no se dio. Es verdad que se hizo el puente, pero la comunidad ni la aceptó ni estuvo ni satisfecha ni conforme.
He dado ejemplos sencillos y fáciles de entender. Pero hay promesas mucho más complicadas que nos invitan a pensar más profundamente sobre este tema. Por eso, debemos pensar muy bien cuando alguien nos hace una promesa. Dada la importancia que tienen las promesas en nuestras vidas, no nos podemos dejar llevar por las emociones y por el entusiasmo. Tenemos una gran responsabilidad de pensar en lo que nos prometen y analizar si estas pueden ser cumplidas o no. Tenemos que ser lo suficientemente capaces de reconocer quién nos miente y quién no. Somos seres pensantes que podemos utilizar el análisis y la razón para no dejarnos engañar. Somos seres vivos y tenemos sentimientos. No nos gusta que se burlen de nosotros. Sentimos ira cuando alguien nos engaña en nuestras propias narices. Debemos aprender a pensar con la cabeza y no con (…) el corazón.
Tenemos que saber analizar quién promete, qué promete y cómo lo promete. No nos dejemos cautivar por promesas vanas. No dejemos que nos laven el cerebro. Porque si pensamos (...) luego existimos como personas, como comunidad y como nación.
La autora es comunicadora social