En los últimos días, nuestro país se ha sumido en un ambiente de incertidumbre e intranquilidad, producto de una serie de acciones ciudadanas impulsadas por interés, el cívico, de proteger nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.
Los panameños estamos haciendo uso de la protesta, como el medio de acción individual y colectivo orientado a expresar un punto de oposición, denuncia y desacuerdo, ante una realidad que puede afectar nuestra dinámica social por muchos años.
Sin embargo, como en la mayoría de las situaciones que nos afectan en este país, nuestras autoridades gubernamentales se enfocan en dilatar la situación, los medios televisivos en presentar lo que conviene a un sector en particular y algunos oportunistas que se aprovechan de la situación para entorpecer los esfuerzos de nobles ciudadanos.
El derecho a protestar está fuertemente relacionado con la protección de los derechos humanos, los cuales en nuestro contexto están siendo violentados en nuestras propias caras, por personas que se valen de ocupar un cargo transitorio de cinco años, para el que fueron elegidos para servir y no para servirse.
Los panameños comprendemos la necesidad de proteger y ejercer el derecho a la libertad, avocándonos a este tipo de manifestaciones con la intención de elevar el sentir nacional ante una problemática que nos afecta todos, como base para hacer comprender a nuestras autoridades de turno y a las que siguen que ya basta de seguir menospreciando a quienes por una u otra razón los colocaron en esa posición.
¿Y por qué el desacuerdo?, quizás porque la actividad minera afecta la superficie terrestre, contamina el aire, el suelo, las aguas superficiales y subterráneas, provocan cambios en el microclima, afectan la flora y fauna local y regional, transforman por completo el paisaje durante y después de la minería, afectando gravemente la salud humana, a corto, mediano y largo plazo. Y por si esto no basta para comprender, podemos añadir, el juega vivo de un sistema que nos trata como si fuésemos niños a quienes pueden engañar con argumentos efímeros.
En las sociedades democráticas como la nuestra, por si se les olvida a nuestros gobernantes, las personas se organizan y expresan sus demandas de diversas formas y estrategias, a través de organizaciones constituidas formalmente.
Además, como es evidente hoy día, ante un atraco a nuestros recursos y cualquier situación que atente contra el futuro de nuestros hijos, el panameño común, no se quedará brazos cruzados.
El autor es bibliotecólogo de la Universidad de Panamá, CRU de Veraguas
