Exclusivo
EXPECTATIVA

¿Quién tendría que ser el próximo presidente de la República?

Desde que terminó la dictadura militar han transcurrido seis periodos presidenciales en “democracia”. Cual historia de la antigua Roma, guardadas las proporciones, aún esperamos por nuestros “buenos emperadores/presidentes”; es cierto que en los siglos de historia romana, solo cinco emperadores, todos de una misma dinastía, la Antonina, y solo durante un periodo de 100 años, gozaron de esta distinción.

La analogía de la antigua Roma con nuestra pequeña república es relevante, porque ser presidente en Panamá, fuera del poder directo sobre la vida y la muerte, es relativamente parecido al de un emperador romano. Utilizo esta exageración literaria para resaltar el punto de mi exposición a continuación.

Nuestro sistema democrático a partir de la caída de la dictadura, fue rápidamente retrotraído a las más peligrosas costumbres de la política criolla de antaño, mismas que por cierto, precipitaron la dictadura militar, que para bien o para mal, dio pie para el surgimiento de una nueva generación de políticos, que irrumpieron en el poder, ocasionando cambios sociales inclusivos, y así cambiando para siempre el panorama político del país. De todas estas prácticas lesivas, todas desembocando en corrupción, la más perversa es la dependencia, sí, el sistema está arreglado desde su génesis con la república, para que el poder político dependa de un pequeño grupo de poderosos económicos, otrora oligarquía con jerarquía social, hoy día incluyente de cualquiera que haya logrado, de cualquier manera, pertenecer a esta casta del poder económico y por ende social.

Esta dependencia, hasta ahora ineludible para cualquiera que aspire a ser candidato a la Presidencia de la República, es la madre de todos nuestros males, entiéndase corrupción; el ejemplo más incontrovertible es precisamente este presidente que nos toca reemplazar. Es decir, el presidente, casi con el poder de un emperador romano, que con voluntad y decisión tendría la fuerza para romper con los monopolios, los manipuladores de la justicia, la educación, el transporte público, la inseguridad ciudadana, los sindicatos, los mercaderes de la salud, de la energía, de los vicios, el clientelismo y las prácticas burocráticas discrecionales, promotoras de la corrupción estatal, sencillamente no puede hacerlo porque para llegar ahí, a donde está, dependió de todos estos demonios que manejan las perversidades que corrompen la nación.

El país ha llegado a una coyuntura fatídica, no hay más tiempo ya, el camino que se tome a partir de esta próxima elección presidencial, sin duda definirá el destino próximo de la República.

O empezamos a salir de la tercermundista vorágine en la que nos encontramos, donde somos saqueados lustro tras lustro por los mismos bellacos, o preparémonos a vivir en un país al borde del colapso social total, sumergido en violencia y desesperación.

Mirémonos en los espejos de nuestros hermanos sudamericanos.

Entonces, ¿quién tendría que ser el próximo presidente? Buscamos a un hombre o mujer, con voluntad nacionalista, de moral y ética comprobada, con sensibilidad social, pero que su inteligencia emocional no le permita sufrir complejos, con valores familiares sólidos, conocedor de la idiosincrasia del panameño, educado tanto en su hogar como en la escuela, que cuente con una buena dosis de todas las inteligencias múltiples y que además sobresalga en alguna o algunas de las mismas. Que sea exitoso por derecho propio en su disciplina de vida y que este éxito además de demostrarlo con humildad, lo haya logrado sin deberle nada a nadie, especialmente a nadie en Panamá, que sea libre de dependencias económicas, sociales, religiosas, comerciales, gremiales y de complicidades políticas.

Que entienda que la eternidad solo está en trascender su nombre en la historia, como: Nerva, Trajano, Adriano, Antonio Pío y Marco Aurelio, quienes a pesar de sus muchos talentos, en especial el filósofo Marco Aurelio, trascendieron a la historia por ser los “ buenos emperadores”.

Pero nada tan completo es fácil, asumiendo que este “unicornio” exista, todos estos atributos no significan nada sin la principal característica necesaria: gallardía, en buen panameño, tener los pantalones muy bien puestos.

Que trabaje con denuedo para llevar oportunamente a realidad, las reformas y cambios necesarios, caiga quien caiga, chille quien chille.

Hay muchos panameños sin dependencias, listos para apoyar a este primer ¡buen presidente!, con la esperanza de que deje sentados los estándares que para siempre requerirá un aspirante al solio presidencial; además para contribuir a que no solo seamos un país, sino además una verdadera nación, haciendo común en todos sus ciudadanos un sentido de pertenencia ético-político, en igualdad ante la ley y con justicia social.

El autor es empresario


Última Hora

  • 15:32 En vivo: Panamá busca consolidarse como centro regional de inversión Leer más
  • 15:26 Estados Unidos sanciona a entidades vinculadas a Gaesa y a una familiar de los Castro Leer más
  • 15:05 Aumenta la preocupación por la democracia en América Latina Leer más
  • 14:13 Jorge Herrera mantiene viva su apuesta por la reelección en la Asamblea Leer más
  • 14:05 Brasil se juega el liderato ante Escocia sin Raphinha y con un ojo en Marruecos Leer más
  • 14:00 Cuando la diplomacia entra a la cancha Leer más
  • 14:00 Cobre Panamá espera decisión del Gobierno sobre el futuro de la mina tras auditoría de SGS Leer más
  • 13:32 Conversatorio sobre la ELA: más allá del diagnóstico  Leer más
  • 13:32 El petróleo de Texas baja hasta 73.63 dólares tras la suspensión de sanciones a Irán Leer más
  • 13:23 Cuatro grandes cambios en Reino Unido 10 años después del referendo sobre su salida de la Unión Europea Leer más