Enero lo iniciamos con un taller para estimular el pensamiento creativo desde la literatura en la Fundación Biblioteca Nacional, como parte de sus acciones de verano.
Uno de los primeros disparadores creativos que hacemos es para conocer un poco lo que piensan los niños del mundo. De esta forma, logramos conversar con ellos sobre lo que sienten sobre cosas esenciales, como la familia, el barrio, la ciudad y las autoridades.
Cuando se les pregunta cómo sueñan su país, encontramos en sus respuestas la frescura de una inocencia, pero también una postura crítica y de rechazo ante ciertas prácticas de los adultos. Los jóvenes están claros en que el país ha sido víctima de la corrupción entre otros malestares.
Todos los niños y adolescentes demostraron tener sueños y deseos de ser buenas personas cuando sean adultos. Quieren ser alguien en la vida que pueda cuidar de sus padres y amigos, el medio ambiente, su entorno, los animales, etc. Todos han decidido, desde el más chico hasta el más grande, ser buenas personas.
Y he aquí una pregunta dura que nos hacemos leyendo sus trabajos: ¿Cuántos de ellos lograrán, como Ulises venció el canto de las sirenas, ganarle al mal y convertirse en buenos ciudadanos? Esperamos que todos.
Dice el filósofo español José Ramón Ayllón que lo que nos diferencia a los humanos de los animales es la “libertad inteligente”. La libertad implica el riesgo de saber tomar decisiones. La ética es la elección de una conducta digna para vivir.
Si logramos educar a nuestros hijos desde el hogar y enseñar en los centros escolares el valor de esa conducta digna, que no tiene que ver con ser más rico o pobre, podríamos aspirar a tener mejores adultos que en un futuro trabajen por el país.
El esfuerzo por elegir vivir con dignidad es una empresa difícil, escoger el camino correcto y obrar bien es un arte en un país donde se han perdido los referentes. Pero la juventud amanece con el espíritu fresco y los puños cerrados ... hay esperanza. Feliz año 2019.
El autor es escritor