Los panameños queremos una asamblea nacional que sea orgullo de nuestra patria, que sea ejemplo a presentes y futuras generaciones, que como en el pasado den ganas de seguirla, escucharla. Queremos una asamblea en donde se den debates de altura, enfrentamiento de ideas, con argumentos sólidos, sesudos, bien expresados, en donde se le tenga que interrumpir al diputado para aplaudirle, que sean aplausos de un pueblo que sabe qué es bueno para el país, y se solidariza con quien demuestra y dé muestras que está verdaderamente comprometido y trabajando para quien con su voto le dio la oportunidad de representarle en tan importante y magno estrado.
Queremos una asamblea productiva, en donde se consensuen y elaboren las mejores leyes para este país y sus ciudadanos, en donde sobre todas las cosas se respeten las ideas, los principios, la democracia, donde cada ley de alta relevancia sea realmente sometida a la consideración de los panameños y después llevada a los respectivos debates parlamentarios, sin apuros; y si existiera algún apuro sea aquel de hacer la mejor ley para la República de Panamá, en un escenario alejado de la conveniencia de pasar una ley para beneficiar a determinada persona, entidad, partido político, etc.
Queremos una asamblea de diputados que cumpla con lo que le mandata la Constitución Política de Panamá, que respete la carta magna, haga lo que se le indica y no se salga del ordenamiento constitucional que bien intencionadamente se elaboró.
Queremos una asamblea que cumpla lo que le mandata el artículo 150 de la Constitución Política de Panamá que textualmente dice: “Los Diputados actuarán en interés de la nación y representan en la Asamblea Nacional a sus respectivos partidos políticos y a los electores de su Circuito Electoral”.
No queremos una asamblea en donde se brinde como reyes, con las mejores comidas, boquitas y los whisquies más caros. Recuerden que estamos en uno de los momentos más críticos de los últimos cincuenta años (...)
Queremos una asamblea que cumpla y respete lo que le indica la Constitución en su artículo 159 que define la función legislativa y en el numeral 1 de dicho artículo expresa: “expedir, modificar, reformar o derogar los códigos nacionales”. Queremos una asamblea que en conjunto con sus asesores legales modifiquen, reformen, deroguen, modernicen o actualicen tantas leyes o códigos que se han quedado extemporáneos, pero que se tienen que respetar por tener vigencia legal, en esto tienen trabajo productivo y provechoso por mucho tiempo. Así queremos que sea nuestra asamblea de diputados.
¿Cuál Asamblea no queremos?: una asamblea en donde se den espectáculos como el del 1 de julio, en donde el reelecto presidente de la asamblea está interesado en que se sepa la razón del apodo de un diputado de Colón. En donde la reelecta primera vicepresidenta del hemiciclo que en el pasado reciente tuvo acaloradas, airadas controversias con el diputado de Colón ahora resalta una actividad boxística del mismo diputado de Colón. No se necesita más espectáculo respetados diputados, aunque se sabe que todo esto se hace para capitalizar los votos para las elecciones que se avecinan.
No queremos una asamblea en donde se brinde como reyes, con las mejores comidas, boquitas y los whisquies más caros. Recuerden que estamos en uno de los momentos más críticos de los últimos cincuenta años, con petróleo rayando los 6 dólares el galón, el galón de aceite en más de 12 dólares y todos los demás productos necesarios para la alimentación a costos exorbitantes. Ese pueblo que ustedes honorables esperan siga votando por ustedes; muchos no tienen trabajo ni recursos para pagar los servicios básicos, su alimentación y el estudio de sus hijos.
No queremos una asamblea que nos recuerde que los diputados son los padres y madres de la patria, pero que no actúan como lo hiciera un padre preocupado por sus hijos, su familia. No queremos una asamblea que a conveniencia no haga los cambios necesarios a su reglamento interno, que permita la reelección eterna. Que no gestione una constitución nueva, realmente equitativa, alejada de fueros y privilegios.
De ustedes depende, padres y madres de mi querida y sufrida patria.
El autor es educador.


