Pocas situaciones preocupan tanto a los padres como ver a un hijo con fiebre. Aunque suele provocar miedo, es importante saber que la fiebre no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa del organismo. Cuando un niño tiene una infección, el cuerpo eleva su temperatura para ayudar al sistema inmunológico a combatir virus, bacterias y otros microorganismos. Por lo tanto, la fiebre es una señal de que el organismo está reaccionando frente a una infección y de que el niño debe observarse cuidadosamente.
¿Qué se considera fiebre?
Se considera fiebre cuando la temperatura corporal supera los 38 °C, idealmente medida en la axila o el recto, siendo este último el método más preciso en bebés y niños pequeños. Una temperatura entre 37.5 °C y 38 °C se considera una elevación leve, conocida como febrícula, y no necesariamente requiere tratamiento.
¿Qué hacer en casa?
La mayoría de los niños que presentan fiebre pueden ser atendidos en casa mientras se vigila su evolución. Algunas recomendaciones para mantener al niño cómodo son:
Mantener al niño hidratado, ofreciendo líquidos con frecuencia, como agua o, en los bebés, continuar con la lactancia materna a libre demanda.
Vestirlo con ropa ligera y mantener un ambiente fresco y confortable. Utilizar ropa demasiado abrigada puede elevar aún más la temperatura.
Permitir que descanse. No obligarlo a permanecer en cama si desea jugar.
Si el niño presenta malestar, puede administrarse acetaminofén o ibuprofeno, siempre en la dosis indicada según su peso y bajo orientación médica. Recuerde que el ibuprofeno no está indicado en niños menores de seis meses.
Lo más importante no es que el termómetro marque 37 °C, sino que el niño se sienta cómodo, hidratado y conserve un buen estado general.
¿Qué no se debe hacer?
Algunas prácticas tradicionales pueden ser perjudiciales y deben evitarse.
Precauciones: evite estas prácticas
No utilice alcohol sobre la piel para disminuir la temperatura.
No bañe al niño con agua muy fría ni aplique compresas heladas.
No administre antibióticos sin indicación médica.
No alterne de manera habitual acetaminofén e ibuprofeno, ya que esto puede aumentar el riesgo de errores en la dosificación.
No administre aspirina a niños ni adolescentes para tratar la fiebre, porque su uso durante ciertas infecciones virales se ha relacionado con el síndrome de Reye, una enfermedad poco frecuente, pero grave, que puede causar inflamación del hígado y del cerebro.
¿Cuándo preocuparse?
La mayoría de los episodios de fiebre son causados por infecciones virales leves y se resuelven en pocos días. Sin embargo, debe consultarse al médico si:
Señales de alarma: acuda al médico
El niño tiene menos de tres meses y presenta fiebre.
La fiebre dura más de 72 horas.
Se acompaña de dificultad para respirar, decaimiento importante, manchas en la piel, vómitos persistentes o rechazo total a los líquidos.
El niño presenta mucho sueño o es difícil despertarlo.
Presenta signos de deshidratación, como labios secos, ausencia de lágrimas u orina escasa.
Lo que quiero que recuerde
Recuerde que la fiebre es una respuesta normal del organismo frente a muchas infecciones y, por sí sola, rara vez representa un peligro. Más importante que el número que marque el termómetro es observar cómo se encuentra el niño y reconocer oportunamente los signos de alarma. Cada minuto que dedica a informarse le brinda herramientas para cuidar de su hijo y afrontar estos momentos con mayor tranquilidad. Mantenga la calma, ofrézcale líquidos con frecuencia y busque atención médica cuando sea necesario. Un padre informado toma decisiones más seguras, y ese conocimiento es uno de los mejores recursos para proteger la salud y el bienestar de los niños.
La autora es médica general.

