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¿Qué oportunidades tienen los niños especiales en Panamá?

¿Alguna vez, como madre de familia, te han dicho los maestros o los familiares que metas a tu hijo o hija en una actividad porque es muy inquieto o inquieta?

Al terminar la temporada escolar, muchas madres y padres buscan una actividad para sus hijos, algo que les permita ejercitarse físicamente o que los haga crecer de manera intelectual o cultural, como el deporte y la música.

Lo cierto es que, aunque el gobierno, a través de las alcaldías, organiza cursos de verano gratuitos, como clases de natación, fútbol, béisbol, karate, gimnasia, ballet, entre otros, muchos niños no alcanzan a participar porque los cupos se agotan rápidamente.

Las fundaciones de música en Panamá ofrecen cursos gratuitos, auspiciados por el gobierno central. El aporte que hacen estas fundaciones es muy valioso, ya que promueven la cultura musical, que tiene un gran beneficio para los niños.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, la música permite una experiencia de desarrollo integral de los niños en condiciones de vulnerabilidad, ofreciendo beneficios que favorecen su integración sociocultural. Además, mejora su sistema auditivo, facilita la expresión de sentimientos e ideas, mejora sus capacidades motrices, potencia sus capacidades artístico-creativas y ayuda a desarrollar sus habilidades lingüísticas, entre otros.

Si las fundaciones que promueven la música están conscientes de todos estos beneficios, ¿por qué discriminan a los niños inquietos, a los que tienen dificultad de concentración o a los que padecen alguna condición que afecta su comportamiento? Si la sociedad les niega a estos niños la oportunidad de participar, integrarse y desarrollar habilidades que producirán cambios significativos en su comportamiento, entonces, ¿cómo ayudamos a esos niños a enfocarse, controlar su comportamiento y sus emociones en el ámbito escolar, familiar y social?

Hago esta introducción porque los seres humanos tendemos a etiquetar y discriminar a las personas que son diferentes, pero no las ayudamos. ¿Qué importa si son autistas, tienen síndrome de Down o déficit de atención con hiperactividad? Los niños son niños y merecen amor, respeto y oportunidades.

¿Qué hacemos con estos niños? ¿Los encerramos en casa? ¿Acaso no tienen derecho a vivir una vida normal? ¿No tienen derecho a aprender a controlar su comportamiento? ¿Acaso no tienen sentimientos o no sienten el rechazo de la gente?

Conozco el caso de un niño de 7 años que entró en un campamento musical de verano de una fundación de renombre. Este niño se levantaba todos los días con mucho entusiasmo para ir a su curso de verano, con el deseo de aprender. Desde el primer día de clases, se comunicaron con sus familiares para preguntarles si el niño padecía de alguna condición especial. Debido a la pregunta, sus familiares lo llevaban diariamente con la zozobra de que en cualquier momento les informarían que su hijo no podría continuar en el campamento.

Después de una semana y un día, sus familiares recibieron un correo informándoles que el niño no podría asistir más al campamento debido a su dificultad de concentración y adaptación. Pese a los esfuerzos por ayudarlo, el niño necesitaba atención personalizada y la fundación no contaba con el personal suficiente para atender a niños con condiciones especiales.

La fundación les recomendó un lugar para una evaluación de educación especial, con el fin de obtener un diagnóstico. Los padres agradecieron la recomendación, ya que las citas con psicólogos y psiquiatras en el sector público son difíciles de conseguir (pueden tardar entre tres y seis meses), y en el sector privado, son demasiado costosas.

A pesar de todo, sus familiares tuvieron que aceptar la exclusión con resignación y la impotencia de ver cómo se le cerraban las puertas a este niño, siendo la única opción mantenerlo encerrado en casa. Sus familiares se preguntaban: ¿por qué, en lugar de sacarlo del campamento, no se le ofreció otra alternativa para que el niño pudiera aprender, a través de la música, el deporte o la cultura, la disciplina que tanto le han recomendado los maestros del colegio para ayudarlo con su problema de concentración e integración social?

A este niño se le tuvo que mentir, diciéndole que el campamento había cerrado debido a las protestas de los obreros de la construcción. Este niño lloró durante tres días y, en su inocencia, expresaba que “si fuera presidente, no permitiría que cerraran la escuela donde se impartían las clases de música”. Sin duda, este campamento había generado mucho interés en él a su corta edad, a pesar de sus dificultades.

Es muy triste que excluyan a los niños de las actividades porque las fundaciones no cuentan con personal capacitado para atender a niños con condiciones especiales durante las actividades de verano. Y lo que es aún más preocupante es que, habiendo en Panamá una ley de inclusión, entre los lineamientos de estas fundaciones se indique que “el campamento está diseñado para niños y niñas en condiciones regulares porque no cuentan con maestros especializados para trabajar con niños con necesidades especiales, por lo que no podrán admitir a niños con dichas condiciones en el programa”. (Fuente textual del correo recibido).

Afortunadamente, este niño estaba inscrito en otro campamento musical con otra fundación de renombre en Panamá y, gracias al amor de sus familiares, la aceptación de los otros niños y padres, y la paciencia de sus profesores de canto y ritmo, este niño logró participar en el concierto musical junto con los otros niños.

La diferencia para que esto fuera posible fue que los profesores de la segunda fundación permitieron que un familiar del niño estuviera dentro del salón apoyándolo para lograr su concentración y adaptación. Además, los otros padres de familia mostraron empatía, motivando al niño y siendo cariñosos con él, lo que fortaleció su confianza en sí mismo.

Para sus familiares, este campamento musical dirigido por esta fundación tuvo un impacto sin precedentes sobre el niño, quien, como resultado de una semana de asistencia, logró vencer su pánico escénico, controlar su comportamiento, mostrando cambios importantes día a día. Participó cantando y bailando, no una, sino tres canciones (algo que no había logrado antes, ni siquiera en su colegio), y se integró trabajando en equipo con sus compañeros.

Sus familiares no tienen palabras para agradecer a esta fundación y a los profesores por esta oportunidad que le brindaron a este pequeño, porque aumentaron su autoestima, golpeada por cada adulto, profesor o familiar que le ha dicho que es un niño mal portado, pero que, por el contrario, aunque tal vez se comporte de una manera diferente, durante esa semana sus familiares pudieron reafirmarle que es un niño sumamente inteligente, cariñoso, bueno y con talento musical, especialmente para tocar el piano.

Su familia confía en que esta fundación recibirá a este niño en su programa anual para que siga desarrollando sus funciones cognitivas, emocionales, sociales y físicas.

Quiero aprovechar la oportunidad para recomendar al gobierno y a las fundaciones que, en el futuro, promuevan “campamentos de verano musical” inclusivos para todo tipo de niños y adolescentes, ya que la música ayuda a mejorar la memoria, la concentración, la creatividad, las habilidades sociales y el desarrollo emocional, entre otras cosas.

Las fundaciones que se dedican a enseñar música pueden ofrecer valiosas oportunidades a los niños que hoy en día son etiquetados como “niños especiales” y que son excluidos de la sociedad por el simple hecho de ser, actuar y comportarse de una forma diferente.

La autora es entrenadora de natación artística (nado sincronizado) y contadora pública autorizada.


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