Han pasado 365 días desde que en el artículo “¿Qué pasó en educación en 2022 y qué debe pasar en 2023?, analicé las medidas y acciones necesarias para mejorar las oportunidades educativas, considerando el contexto post pandemia.
Los cierres prolongados de los centros educativos, la falta de implementación efectiva de políticas públicas y las dificultades para acceder a servicios básicos - agua, luz eléctrica, saneamiento e internet - dificultan que haya procesos eficaces de enseñanza-aprendizaje.
Analicemos cómo finaliza el año escolar 2023. Después de la pandemia de la covid-19, los estudiantes enfrentaron desafíos importantes para recuperar los aprendizajes. La educación a distancia no pudo satisfacer necesidades fundamentales debido a la inequidad en el acceso a las plataformas educativas. Los profesores se encontraron con un reto mayor al inicio del año escolar, al tener estudiantes con diferentes niveles de aprendizaje en un mismo grado.
Aunque era crucial fortalecer y agilizar los procedimientos para el uso del Fondo de la Calidad y Equidad de la Educación (FECE), garantizando así que todas las escuelas estuvieran listas para el inicio del año lectivo 2023, ello no fue así. Al final de 2023, aún había centros educativos enfrentando serias limitaciones en servicios básicos.
La implementación de políticas públicas, como la descentralización educativa, continúa pendiente, siendo crucial para mejorar la gestión administrativa del sistema educativo.
Los resultados recientes del Programa de Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) revelan datos interesantes. En matemáticas, Panamá tuvo 353 puntos en 2018 y 357 en 2022, reflejando una mejora de 4 puntos (estadísticamente no relevante). En lectura, Panamá obtuvo un puntaje de 377 en 2018, alcanzando los 392 puntos en 2022. En ciencias, registró un puntaje de 365 puntos en 2018 con un aumento significativo en 2022, alcanzando los 388 puntos. Es crítico entender las variables que han incidido en la tendencia de mejora del desempeño de los estudiantes panameños a pesar del efecto pandemia. Ello podría atribuirse a factores como la priorización del currículo en áreas focalizadas en lectura, matemáticas y ciencias, con recursos accesibles como los Derechos Fundamentales del Aprendizaje (DFA) y la plataforma Ester. Es posible que estos recursos formativos hayan incidido en los resultados de los estudiantes panameños en las pruebas Pisa.
La continuidad de Panamá en la participación en próximas evaluaciones como Crecer Panamá 2024, PISA 2025 y ERCE 2025, es alentadora. Ello nos permite seguir evaluando los aprendizajes tanto muestral como censalmente. Asimismo, asegura la continuidad en el proceso de evaluación educativa, brindándonos información valiosa para mejorar nuestro sistema educativo a través de políticas públicas coherentes con el diagnóstico que establece las fortalezas y las debilidades de los aprendizajes de los niños y jóvenes panameños. Es crucial diseñar políticas consistentes con los retos que enfrenta el sistema.
El prolongado cierre del sistema educativo debido a las protestas contra el contrato minero, independientemente de la legitimidad del reclamo ciudadano y del derecho a manifestarse pacíficamente, ha desencadenado una serie de preocupantes consecuencias. Esto ha afectado especialmente a los estudiantes más desfavorecidos, cuyo derecho a aprender con calidad no fue debidamente protegido. Este escenario tiene efectos a largo plazo en el desarrollo del país.
Al tratarse 2024 de un año electoral, en el que se presume abundarán propuestas para mejorar el sistema educativo, es oportuno recordar que, en las últimas décadas, en Panamá se han presentado diversas propuestas y ha habido diálogos que coinciden en reiterar desafíos como la necesidad de mejorar la calidad, la equidad, la formación continua, y la gestión e inversión en educación.
Esperamos con interés escuchar de los candidatos presidenciales cómo planean implementar estrategias que estén alineadas con El Compromiso Nacional por la Educación, con los acuerdos del Pacto del Bicentenario y con 19 para el 19. Es crucial que las propuestas electorales se traduzcan en acciones concretas para enfrentar los desafíos educativos que persisten en el país.
Es crítico que, en 2024, no permitamos la parálisis del sistema educativo. Todos los niños, niñas y jóvenes merecen tener las mismas oportunidades educativas. Nuestras escuelas pueden convertirse en catalizadores que contribuyan a erradicar la pobreza, la desigualdad y la corrupción. Cerciorémonos que así sea.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

