ENVEJECIMIENTO

La raíz de la sabiduría

El envejecimiento demográfico es una tendencia en Panamá y el mundo, dada la mayor esperanza de vida y la reducción del número de hijos por pareja , entre otras razones; sin embargo, existe poca preparación sobre este tema, unida a la poca valoración que se le da al adulto mayor y su calidad de vida. A pesar de que conocemos que en poco tiempo lo que sobreabundará será adultos mayores y que el envejecimiento que se aproxima no es libre de discapacidad, sino cargado de ella; aunado a la necesidad de cuidados estrictos, que deberán ser cubiertos con el concurso de un rol social (hijos o familiares) que lo pueda realizar.

Se ha considerado que el proceso del envejecimiento normal trae consigo, obligatoriamente, inmovilidad, dolor, mareos, caídas, pérdida de la visión, de la audición, de la memoria; en fin, problemas. Es decir que, el envejecimiento en sí es considerado un problema, en lugar de considerarlo como un logro. Y aquí radica el problema principal: el asociar todo a la edad y creer que estas situaciones son un proceso normal, va a provocar que no evaluemos esto tempranamente y que las personas vivan más, pero en franco deterioro.

La dependencia es un riesgo universal, no importa la edad que tengas, en cualquier momento podrías ser dependiente para tus necesidades básicas. Pero es un problema sociosanitario y no tiene por qué ser parte normal del proceso de envejecimiento, puesto que es posible prevenirla.

Si conocemos que el envejecimiento es el proceso de vivir más, es el curso de la vida y depende de cómo la hayas vivido para obtener un mejor resultado; que el 75% de las causas de enfermedades atribuidas al envejecimiento son asociadas al estilo de vida, por lo que es posible prevenirlas; aliviaríamos la avalancha que se nos aproxima, probablemente cargada de enfermedad: más adultos mayores en el cuarto de urgencias y menos esperanza de vida libre de discapacidad en las personas activas de hoy.

La Jornada Mundial de la Juventud ha calado mucho en la población panameña, un hombre de 82 años, y con mucho aún que dar, nos brinda grandes mensajes. Debo resaltar: “Escuchen a los abuelos, ellos tienen las raíces de la sabiduría” y “Si te quedas quieto, pierdes”. Dos mensajes que me inspiraron mucho a escribir lo siguiente:

La mayoría de las veces los adultos mayores son acallados, a veces porque ellos mismos no se dejan escuchar, a veces porque una sospecha de “demencia senil” hace creer que ya no es necesario escuchar ni lo que tiene que decir ni siquiera algún grito de dolor, porque “tú sabes, ya está demente”. La demencia senil es un término inadecuado, arcaico, de cuando se entendía que esto es un proceso normal en el envejecimiento; y no lo es. Y a veces la afectación cognitiva es por el simple hecho de que el mismo adulto mayor se autolimita, se deprime y deja atrofiar uno de los órganos del cuerpo con mayor plasticidad.

Escuchar a los abuelos, que son nuestras raíces, es un mensaje que nos invita a evaluar la vida de los adultos mayores y visualizar los errores cometidos, las situaciones que pudieron ser prevenidas. Escuchar la voz de la sabiduría, la voz de aquel que tiene la experiencia de haber vivido, la voz que nos recuerda que tenemos una historia y que si, quizás, esa historia no es tan buena, no deberíamos repetirla, sino mejorarla.

El curso de vida de una persona habla de las causas de las enfermedades, desde el vientre materno podemos evaluar factores de riesgo que nos provocan enfermedades en la adultez. Incluso enfermedades psiquiátricas son asociadas a un entorno social inadecuado, muchas veces ignorado y poco valorado.

He allí la importancia de conocer las raíces de las que habla el papa Francisco, con las que podríamos no cometer los mismos errores. Si sabemos que tenemos una historia que hay que corregir, ahora somos una nueva nación, diferente y cada día mejor.

Quisiera exhortar a aquellos adultos mayores que hoy por hoy han querido acallarse, olvidarse y dejar todo a los “jóvenes”, porque ya están cansados de vivir y no desean seguir luchando. Esos que realmente se han llamado a sí mismos “viejos” caducados, o que han permitido que los silencien, que no comenten, que no ofrezcan su sabiduría y conocimientos.

Cuando la vida deja de tener sentido, dejamos de tener propósitos o motivos para levantarnos en las mañanas, es cuando empezamos a envejecer muy rápidamente, a morir lentamente. Quedarse quieto, “encamarse”, no rehabilitar, son problemáticas principales de salud pública que hemos olvidado. Evitemos la discapacidad y capacitemos al discapacitado: la rehabilitación en todos los sentidos.

Edición Impresa

ENVÍOS POR EMAIL