Los agricultores de nuestro país son abundantemente abusados. No solo el Gobierno con sus autorizaciones de importación inoportunas en cantidad y fecha, su falta de apoyo técnico, financiero y legal, así como programación deficiente de producción nacional versus importaciones. Los gobiernos no protegen al productor, el Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) es botín político, el cual más que ayudar al mercadeo oportuno y precio justo se convirtió en juez y parte promoviendo la importación y venta de carne, de jamones y arroz foráneo. El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) en lugar de promover la utilización de última tecnología innovadora, promueve siembra y producción de carnes con fórmulas y métodos quedados del siglo pasado.
El ministro Jorge Arango, quien realizó esfuerzos para mejorar aspectos técnicos y de recursos financieros con apoyo eficiente del Banco de Desarrollo Agropecuario, fue vencido por la burocracia e intereses ajenos a la producción agrícola-ganadera. Todos los últimos gobiernos, en algún grado, han restado apoyo a la agricultura. Pienso que el gran último apoyo lo recibieron en la época de Omar Torrijos. Hace unos años tuve la oportunidad de recorrer a caballo las campiñas interioranas de Pesé, Chitré, Los Santos, Atalaya, Ocú, y otras. Todo esto en compañía y guía de Adriano Nano Solís, productor de leche, ganadero y criador de caballos peruanos. Él me señalaba, en los recorridos, a cada uno de los productores de leche que encontrábamos en los caminos y me decía, ‘fíjate que en esa finquita hay nueve vacas lecheras, con lo que produce la venta diaria de esa leche, con mucho sacrificio, el dueño mandó a la escuela y universidad a sus tres hijos, todos son hoy día profesionales, y él continúa produciendo y vendiendo leche, ahora para sus nietos, él y su esposa subsistir. Pero el precio que le pagan no corresponde al esfuerzo que hace cada día parándose desde las cuatro de la mañana a recoger las vacas para ordeñar’.
Añadía Nano Solís, a estos productores, junto con los arroceros, tomateros y otros, no los ves protestando por falta de caminos, o porque quieren casas, agua y transporte, o bono de fin de año, como lo hacen en la capital. Lo que quieren es precio justo, asistencia para mejorar la calidad y cantidad de lo que producen, y más importante, que los dejen producir y vivir en paz. Esto a pesar de los abusos de los intermediarios. Usted, amable lector, puede creer que hoy día, en este preciso momento en que usted se come una ensalada fresca de tomate con lechuga y cebolla, hay cadenas de supermercados que le adeudan cinco y seis meses de productos entregados, que le descuentan 10% y 15% de “merma”, que se demoran en pagar periodos de tiempo que impiden pagos del productor a los bancos mientras los intereses bancarios aumentan, que si el productor exige pronto pago le dicen que le descontarán 10% de la factura, a pesar de haber transcurrido más de tres meses sin pagarle.
A esto súmale las visitas de la Dirección General de Ingresos, o el inspector de medio ambiente y el inspector del Ministerio de Trabajo, ninguno viene a traer, todos vienen a llevarse, a mordidas, lo que puedan arrancarle al productor. Y encima el IMA y el MIDA autorizan importar carne, jamones, tomates, lechuga y otros rubros de alto consumo. Explotan ante tanto abuso, era previsible esta reacción de los productores. Esto no es nuevo, hace años reclaman que se les reconozca el esfuerzo que hacen, que sean justos con los precios, tanto intermediarios como supermercados, que al final del día ganan más sin el riesgo de producir ni trabajar de sol a sol.
Es responsabilidad del ministro de agricultura tomar las medidas adecuadas para solucionar y mitigar las justas demandas de los productores, es responsabilidad del ministro de agricultura advertir al Ejecutivo de las inquietudes y desesperanza del productor, que ya estaba en etapa de explosión volcánica, y que continuará arrojando lava hasta que se cumpla lo acordado.
Si es político o no, es tema de debate. En un país tan politizado como el nuestro, todo es político, nada escapa a esta realidad. No es sorpresa lo acontecido en Divisa, Los Santos y Chiriquí. Culpar a los políticos no es respuesta válida, porque no aporta solución al impasse entre agricultores y el ministro de agricultura, rector del sector, quien debió presentar su renuncia por arrastrar al Gobierno y no pararse firme con soluciones viables y oportunas.
Los agricultores continúan hoy igual que ayer, sin respuestas ni soluciones, sí hay muchas promesas a largo plazo, las cuales no habrá ni tiempo para ejecutarlas. Me temo que la rebelión del sombrero montuno continuará. Así lo percibo, así lo escribo.
El autor es ciudadano