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Reconstruir escuelas para reactivar Panamá

Reconstruir escuelas para reactivar Panamá
Inicio del año escolar, en la renovada Escuela José Agustín Arango, ubicada en el corregimiento de Betania, donde estudian unos 580 niños. Foto Elysée Fernández

La aprobación unánime, por parte de la Asamblea Nacional, de la Resolución que crea una mesa técnica de trabajo tripartita para dinamizar el sector construcción representa una señal positiva y necesaria para el país. Que todas las bancadas hayan respaldado esta iniciativa demuestra que, cuando existe voluntad política, sí es posible construir consensos alrededor de los grandes temas nacionales.

La construcción ha sido históricamente uno de los motores más importantes de la economía panameña. Su impacto no solo se refleja en grandes obras de infraestructura, sino también en la generación inmediata de empleos, la activación del comercio, el movimiento bancario y la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros. Cuando la construcción se detiene, se resiente toda la economía.

Sin embargo, la discusión no debe limitarse únicamente a nuevos proyectos. Panamá tiene frente a sí una oportunidad urgente y estratégica: impulsar un programa nacional de reparación, modernización y mantenimiento de escuelas públicas con participación activa de la empresa privada.

Miles de estudiantes asisten diariamente a centros educativos con techos deteriorados, baños inservibles, sistemas eléctricos obsoletos, falta de agua potable, filtraciones y estructuras en mal estado. Esa realidad no solo afecta la calidad de la educación, sino también la dignidad de nuestros niños, jóvenes y docentes.

Presentar esta propuesta ante la mesa tripartita sería una decisión inteligente. La reparación de escuelas permitiría generar miles de plazas de empleo directas e indirectas para albañiles, electricistas, plomeros, ingenieros, arquitectos, proveedores de materiales y transportistas. Es decir, se trata de una política pública con doble impacto: educación y reactivación económica.

La participación del sector privado puede estructurarse mediante esquemas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), incentivos fiscales por inversión social, adopción de escuelas por regiones o alianzas público-privadas transparentes y fiscalizadas. Muchas empresas estarían dispuestas a contribuir si existe un marco claro, ordenado y confiable.

Además, invertir en escuelas no genera rechazo ciudadano; por el contrario, produce respaldo social inmediato. Cada aula reparada, cada baño funcional y cada techo nuevo representa esperanza para una comunidad entera.

La mesa técnica tripartita no debe convertirse en un espacio de diagnósticos interminables. Debe producir propuestas concretas, medibles y rápidas. Y pocas iniciativas reúnen tantos beneficios como un plan nacional de reparación escolar.

Panamá necesita mover la economía, pero también necesita sembrar futuro. Reparar escuelas es construir país.

El autor es abogado


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