En el primer debate presidencial, pudimos observar que para la educación, los candidatos prometen dignidad, equidad, infraestructura, alimentación, becas, salud primaria. La salud primaria es indispensable, pero no sería suficiente para disminuir la repitencia y deserción. Y las becas tampoco resolverían.
No vemos que dentro de las propuestas se contemple mejorar el día a día de los niños, que no pueden aprender a leer, ni a escribir, ni matemáticas, debido a problemas de visión y audición, cuya atención es inaccesible.
En el sector público, el acceso a estos servicios es casi imposible; y en el sector privado, los niños tienen acceso limitado, debido a sus altos costos.
Esta situación pasa desapercibida y parece insignificante para las autoridades, pero es lo que vive la población estudiantil nacional y afecta el rendimiento y permanencia en la escuela.
Por ello es urgente que el sistema educativo dé aún más importancia a la salud, robusteciendo el programa de salud escolar, para dar máxima cobertura y la atención especializada que merecen nuestros niños, que son el recurso humano futuro.
En el ámbito de la prevención, los parques escolares y comunitarios para la primera infancia y preescolar son claves. Ahí es donde desarrollan el sistema motor, vestibular y otras capacidades previas al aprendizaje de la lecto-escritura y matemáticas.
Pero no vemos propuestas que conlleven promoción de parques, ni fortalecimiento del programa de salud escolar, que como bases para el aprendizaje escolar no deberían faltar en un plan de modernización de la educación.
Aspirar a que nuestros alumnos asimilen contenidos escolares como los estudiantes de primer mundo requiere también del buen funcionamiento de sus capacidades neuropsicológicas. Los canales visuales y auditivos (que llevan la información al cerebro) tendrían que funcionar de manera óptima, con cuidados como en el primer mundo.
Esperemos que nuestros niños, sus padres y docentes no tengan que pasar cinco años más sufriendo en silencio esta realidad y las consecuencias de no tener ni siquiera la atención básica de sus ojos y oídos por falta de equidad y dignidad a nuestra infancia y sociedad.
La autora es neuropsicóloga educativa