Parece no ser necesario hacer un viaje por carretera desde Chiriquí a la ciudad de Panamá para observar la actitud de poco importa “en general”. ¡Triste! Ya que, a simple vista, indica que es parte de nuestra cultura tirar la basura, lo que no se hizo a tiempo, lo que no se previó, se ha convertido en parte de nuestros anuncios entre nosotros y hacia los turistas que nos visitan día a día.
A lo largo y ancho de nuestra república, sobre las millonarias obras públicas recién inauguradas y con la tan elogiada Interamericana, los adornos más notables son los pataconcitos que van desde Darién hasta Chiriquí, llegando a la frontera de Panamá con el hermano país Costa Rica. Es penoso pensar que somos Panamá, puente del mund,o corazón del universo, y que estemos llenos de basura.
Basta con moverse un poco de casa y hacer paseos en distintas localidades del país para notar cuánta basura “adorna” los rincones, empañando la belleza natural de nuestro entorno verde y amenazando el aire que respira la gente.
Contradictoriamente, hasta encuentras áreas donde hay letreros que dicen “No tirar basura” y al mismo tiempo están saturadas con desechos.
¿Cuál es el problema? ¡Que vivamos en la contaminación! Con el peligro que representan las epidemias, el daño que causa la insalubridad a la población, el bloqueo en los desagües; además la omisión al respecto atenta contra el buen vivir de quienes residen y afecta la imagen del país ante la presencia de turistas que se pueden convertir en referencia para que más personas nos visiten y decidan invertir.
Ha llegado a ser tan alarmante, que evidencia ser una prioridad nacional a resolver, por lo que urge realizar iniciativas ciudadanas para concienciar, educar, promover y cimentar una cultura de aseo, como cuando enseñaban a los pequeños en casa y en las escuelas con el programa de Cuerpo de Orden y Disciplina, para vigilar que nadie tirara la basura y quien lo hiciera la recogiera debidamente, de lo contrario, se le llamaría la atención por los educadores en forma pública.
Recordemos que en décadas anteriores, se recorría el interior del país, apreciando que permanecían limpias las servidumbres, las parcelas y demás, con sus matices de verdes propios de los arbustos, árboles y herbazales, se gozaba del esplendor de la vista y daban hasta ganas de bajarse del carro para agarrar buenos marañones y mangos.
¿Será que si usted visita otra ciudad también le llamaría la atención la limpieza del lugar? ¿Le gustaría tener la facilidad de contar con cestos de basura accesibles y limpios?
Antes de salir de casa, acostumbramos bañarnos, cepillarnos los dientes y mostrar nuestra mejor cara para compartir con los demás; la lógica sería que hagamos lo mismo con nuestro entorno para apreciarlo, convivir, respirar saludablemente y mostrarlo al mundo.
El ser humano necesita evolucionar y para ello su ambiente debe ser lo más sano posible, mantener la limpieza del entorno debe permanecer en nosotros de forma habitual, más que un castigo o multa, debe ser una motivación como parte del orgullo y la dignidad nacional.
Reeducar es loable de aquellas personas que con su ejemplo enseñan a otros las buenas costumbres que van cultivando la identidad de quienes crecen con amor por el lugar donde coexisten.
Hay que invitar a que más ciudadanos muestren la voluntad de participar con el ánimo de contribuir para aspirar a ser una sociedad con cultura ambientalmente amigable y amor por lo nuestro, esto corresponde como compromiso de todos los sectores y a la voluntad que tengamos para hacer.
¿Cómo queremos vivir? Es una decisión y acción.
La autora es abogada