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ELECCIONES 2019

El no a la reelección

Nuestra clase política está degradada y no hay peor cosa que los tres órganos del Estado estén comprometidos con escándalos. Eso produce un malestar ciudadano empezando por la crisis institucional progresiva debido a la pésima administración del gobierno, una Constitución que no funciona porque continuamente se le trasgrede, la Asamblea Nacional no funciona, con solo mencionar la planilla 080. Todo lo anterior molesta, irrita, enfada y exaspera al encontrarnos nosotros los ciudadanos decentes de este país de frente con la corrupción política, que no es más que los actos delictivos cometidos por servidores públicos y autoridades que abusan de su poder e influencias por interés propio y de sus arrimados. Así se facilitan los fraudes, el nepotismo, la impunidad, el lavado de dinero, la terquedad y otros. Por ejemplo: cuando se dicta una resolución improcedente en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley. O cuando se soborna a una autoridad a cambio de un dinero o un regalo. Cuando se ejerce determinado control sobre el poder de una autoridad o servidor público. O, en la apropiación indebida del dinero perteneciente al Estado por parte de personas que se encargan de protegerlo.

Esos tipos de corrupción generan una gran desconfianza en las instituciones públicas, en los partidos políticos y en sus dirigentes. En consecuencia, aparecen movimientos de protestas asqueados de tanta purulencia, tratando de enfrentarse a ese poder institucional y político generando una gran inestabilidad ciudadana. El afectado, que es el pueblo, sale a la calle exigiendo sus derechos inicialmente de manera pacífica, y si no se le escucha puede llegar a la violencia.

En nuestro país las autoridades que mancillan la poca o nula democracia que tenemos saben el tipo de pueblo que somos. El pueblo panameño muchísimas veces recurre a un comportamiento pasivo cuando de derechos se trata. Tanto es así, que la ciudadanía prefiere protestar cómodamente a través de las redes sociales. Y los que flagrantemente mancillan el honor que se les confirió como autoridades en los tres órganos del Estado lo saben y se ríen de un pueblo que mientras no se le toque el bolsillo seguirá idiotizado sin interesarle los actos delictivos propiciados y cometidos por estos individuos.

El poder que se le entrega a los políticos y servidores públicos cada quinquenio es para el beneficio total de la sociedad trabajando por el pueblo y realizando obras que ayuden; en fin, para mejorar la calidad de vida de los habitantes de este país. Cuando es lo contrario, surge el resentimiento y la desilusión hacia la política y los políticos. Distinguiéndose la expresión ciudadana: No a la reelección como una resistencia civil y movimiento social que irá aumentando a medida que pasan los meses hasta llegar al día de las elecciones.

Aunque el abuso de poder no es una característica de todos los políticos ni en todos los servidores públicos, ya que existen los que buscan el bien común del pueblo, es necesario entender que una característica del abuso del poder es el síndrome llamado La Enfermedad de los Líderes, que empezó a usarse como trastorno de personalidad al observarse ciertas conductas incongruentes en personas que tienen un cargo de poder desequilibrado. Si bien el síndrome no está dentro del manual psiquiátrico, eso no quiere decir que no pueda convertirse en una patología que reúna ciertas particularidades parecidas al abuso, al apego o adicción al poder. En cualquiera de sus formas hace daño y destruye si la persona no tiene los controles adecuados para el manejo correcto en la posición de jerarquía en que se encuentre. Para un país es sumamente gravísimo caer en manos de este tipo de personajes, con un ego enfermizo que desprecia los consejos y críticas del pueblo que los eligió. Creen que no deben rendir cuentas a nadie. Menosprecian la opinión pública. El punto es que el poder los enferma.

El no a la reelección busca evitar que las autoridades y servidores públicos enquistados en un cargo público y que no lo quieren soltar y que no gozan del aprecio de la sociedad panameña por sus abusos, mala práctica de su trabajo, y pertenecientes a las redes corruptas, no se reelijan. Hay que sanear la casta política de los ineptos con apetito mesiánico. El pueblo no debe dejarse manipular por los inútiles y codiciosos. El pueblo debe aprender a estudiar integralmente a los candidatos y elegir a conciencia.

La autora es psicóloga clínica


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