He escrito artículos de opinión por casi 25 años y creo haber superado el centenar, donde el denominador común ha sido la satisfacción de dar mi opinión sobre temas de interés nacional y contribuir así a una posible solución de un problema social. En esta ocasión, esa satisfacción se multiplica al estar convencido de que con este escrito puedo contribuir a salvar al menos una vida.
Es frecuente escuchar en los medios que las principales causas de atropellos de peatones en nuestras calles son la imprudencia del peatón y el consumo de bebidas alcohólicas por parte del conductor. Mi experiencia al volante me permite confirmar esas imprudencias, pero hay un factor que considero muy importante destacar.
En la mayoría de las ocasiones en que he estado a punto de atropellar a un peatón, las situaciones se han presentado en horas nocturnas y debido a que el peatón vestía ropa de color oscuro. Es por ello que me siento motivado a sugerir al lector que, cuando deba transitar por nuestras calles en horas nocturnas, evite hacerlo con ropa oscura.
Como conductor, también he observado que estos incidentes aterradores en los que he estado involucrado son más frecuentes cuando un vehículo se aproxima de frente con las llamadas luces largas. Esta situación se ha agravado en los últimos años con la popularización de luces especiales con una iluminación excesiva, que aun en la llamada exposición “corta” afectan enormemente la visibilidad del conductor que se aproxima de frente. Por eso, igualmente recomiendo al lector conductor que no incorpore a su vehículo sistemas de luces más fuertes de lo normal, aunque le parezcan más convenientes.
Afortunadamente, también he observado que muchos transeúntes, en horas de la madrugada, portan cintas reflectivas en su vestimenta, debido a que deben utilizarlas en sus trabajos. Me pregunto si en las entidades públicas también se exige esta práctica.
Por supuesto, como conductor también he decidido asegurarme de que mis próximos anteojos tengan una excelente protección contra ese excesivo resplandor en horas nocturnas de los vehículos que se aproximan de frente en las carreteras. Hágalo usted también, estimado lector. Podría evitar mucho más que un gran susto.
Ante este panorama de vidas en peligro, la responsabilidad no debe limitarse al peatón y a los conductores. Me siento obligado a comprometer a las autoridades de tránsito en la misma medida. La intensidad de las luces en los vehículos a motor debe regularse, no sólo en el momento de la revisión anual, sino para el tránsito regular en nuestras vías; con fuertes multas para quienes no la cumplan. Igualmente, recomiendo que en las campañas que se realizan para que los peatones se conduzcan con prudencia en nuestras calles, se incluya la recomendación de no utilizar ropa oscura y portar algún artículo que refleje la luz.
Desconozco las estadísticas nacionales sobre las víctimas fatales que estamos teniendo por atropellos en nuestras vías, pero tengo la percepción de que son altas en horas nocturnas, por lo que considero que los puntos aquí planteados podrían tener mucha validez. Igualmente, si muchas empresas están exigiendo que su personal utilice cintas reflectivas en horas nocturnas, es evidente que lo que aquí se expresa debe tomarse en cuenta.
No creo que los peatones dejarán de cometer imprudencias, y menos pienso que los conductores dejarán de consumir bebidas alcohólicas mientras conducen. Sin embargo, no tengo la menor duda de que, con la implementación de al menos uno de los puntos aquí expresados, salvaremos al menos una vida, por lo que valdrá la pena.
El autor es profesor de química de la Universidad de Panamá.