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TOLERANCIA

Sin religión, puedo ser bueno

Crecí en una familia católica donde me enseñaron las costumbres que conllevan practicar esta fe. Recuerdo siempre estar metida en actividades de la Iglesia, las que disfrutaba mucho. Una de las personas que más influyó para que esto fuera así era mi maestra de catecismo, que además era la mamá de mi mejor amiga en esos años y la que nos ayudaba en todas las tareas de la escuela. Recuerdo con gran cariño esa época de mi infancia como si fuera ayer. Dentro de las enseñanzas católicas, siempre entendí que Jesús era el hijo de Dios y que lo que quería de nosotros era que hiciéramos el bien, que amáramos a nuestro prójimo y que nos ayudáramos los unos a los otros.  No recuerdo que me dijeran ama a tu prójimo si es católico, pues si tiene otra creencia, entonces no es merecedor de ese amor.

Con el paso de los años y al ir creciendo, me sentí algo decepcionada de la religión, pues me di cuenta de que muchas veces, la manera de actuar de las personas que deben guiarnos por el camino del bien se apartaba de las enseñanzas de la fe en la que tanto creía. Esto hizo que me alejara de practicar alguna religión, pero sin llegar a ser atea, pues creo que Dios está en todo nuestro universo y hasta en nosotros mismos.

Me sorprendió el Viernes Santo, ver una persona católica, que llegó a interpelar a unos chicos que ponían música instrumental en un parque de la ciudad donde muchos de los presentes estábamos paseando y disfrutando del ambiente familiar y de la música; por lo cual me acerqué y le pregunté al señor cuál era el problema, pues no era una música ni escandalosa ni un reguetón o algo por el estilo. Igual el señor, muy religioso, continuó regañando a los muchachos, que al final, terminaron yéndose del lugar consternados, pues no entendían la situación.  Entiendo que el día se debe respetar, pero si fuera que no se puede escuchar música, entonces ni las emisoras deberían poner música.

Estas situaciones de intolerancia de una persona religiosa hacia otra que no profesa su misma creencia es lo que muchas veces crea conflictos y me lleva a confirmar que definitivamente debemos buscar para nuestro país,  que seamos realmente un Estado laico, donde las religiones no se mezclen en políticas de Estado y donde se respeten por igual todas las creencias y no se le obligue a seguir directrices por cuestiones religiosas a todos los que vivimos en este país, pues aunque la mayoría de la población tiene la religión católica, si hacemos una encuesta probablemente esa mayoría no la practica activamente.

Entonces, ¿por qué no respetar el derecho que tienen los demás de escuchar música o hacer lo que mejor les parezca dentro de la decencia?

Tengo amigos católicos, musulmanes, budistas, agnósticos, judíos, en fin, de todas las creencias religiosas o que no creen en Dios y me encanta poder aprender de cada uno y ver que no importan las creencias, si somos justos, trabajadores y personas con principios y valores, podremos cambiar el paradigma de nuestro país y vivir en uno donde tengamos las mismas oportunidades y podamos aportar nuestros conocimientos para llevarnos a ser una mejor sociedad.

La autora es ciudadana


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