Kyrie eleison — Réquiem por nuestros héroes
Señor, ten piedad. Ten piedad de quienes caminaron hacia la muerte sin saber que la historia los aguardaba con nombre propio.
Han pasado 62 años desde aquella jornada en que la patria fue herida en carne viva. Violencia organizada, fuego calculado, horror real. Muchachos, mujeres, niños, obreros y estudiantes defendían una causa casi sagrada: que su bandera ondeara donde debía ondear; que la soberanía no fuera concesión ni favor.
Señor, dales el descanso eterno y que brille para ellos la luz perpetua. No los traslades del Paraíso. Ellos ya atravesaron su noche. Que la desventaja que enfrentaron —frente al acero y la tecnología— sea ahora mérito ante ti. Que la paz infinita los envuelva en un coro invisible, como el In paradisum que acompaña al justo hacia la eternidad.
Hoy pronunciamos sus nombres como liturgia de la memoria:Maritza Ávila Alabarca, Ascanio Arosemena, Luis Bonilla, Teófilo de la Torre, José Del Cid Cobos, Gonzalo France, Víctor Garibaldo, José Enrique Gil, Víctor Iglesias, Rosa Elena Landecho —hermosa nena—, Carlos Lara, Emilio Lara, Gustavo Lara, Ezequiel Meneses, Ricardo Murgas, Alberto Nichols Constance, Etanislao Orobio, Jacinto Palacios, Ovidio Saldaña, Rodolfo Sánchez, Alberto Oriol Tejada, Celestino Villareta. Cada nombre es una nota suspendida. Juntos forman un réquiem nacional que no debe apagarse.
Christe eleison. Cristo, ten piedad. Atiende nuestra súplica sin distracciones. No permitas que la historia sea adulterada por el olvido, la comodidad o la conveniencia política. No confundas a los justos con los mercaderes del poder. Tú sabes —porque todo lo sabes— quiénes son los pillos y latrocidas que ayer y hoy saquean el bien común, se embolsan los recursos públicos y, con su rapacidad, profanan la memoria de los caídos. A ellos no los cubra el silencio ni la amnesia interesada.
Nuestros héroes murieron por un ideal patriótico. Murieron en una patria que albergaba, contra su voluntad, tropas extranjeras en la mitad de su territorio. Murieron reclamando un símbolo sencillo y absoluto: su venerada bandera. La respuesta fue desproporcionada, cruel, ejecutada con armas de grueso calibre que luego intentaron justificar con cinismo, identificándolas con la función menor de matar patos. No se cazaron animales: se segaron vidas, se intentó disciplinar a un pueblo.
Kyrie eleison. Que esta fecha no sea botín de nadie. No pertenece a partidos, gobiernos ni coyunturas. Es de todos los panameños. El calendario es memoria ordenada. Y esta memoria exige solemnidad, no ruido; respeto, no consignas.
Señor, creemos —porque necesitamos creer— que los ángeles los recibieron; que reposan con los justos, con Lázaro y los humildes, lejos del estruendo y la violencia. De ellos también es el Paraíso. Concédenos a nosotros la sabiduría de honrarlos con verdad, con decencia y con una patria menos indigna de su sacrificio.
Kyrie eleison.
Réquiem aeternam dona eis, Domine.
El autor es periodista y filólogo.
