Si fuiste elegido presidente democráticamente y quieres darte un golpe de Estado, no olvides seguir estos consejos. No se te ocurra improvisar. No te arriesgues si tu popularidad está baja. Tampoco lo intentes sin el apoyo de los militares de tu país o su equivalente. Al menos habla con los jefes de tu seguridad personal, porque te pueden traicionar sin que lo sepas.
Tienen la capacidad de entregarte a las autoridades si tu plan no funcionase. Desafortunadamente, el poder de las armas es a veces más fuerte que el poder de la razón y el poder de las urnas. Sin su apoyo no vas a llegar muy lejos.
También consúltale a tu vicepresidente para asegurarte que no te va a quitar la tabla. Sí flaqueas, se puede quedar con tu puesto. Habla con tus ministros de Estado para ver si están de acuerdo. Asegúrate que cuentas con el apoyo de alguna super potencia, pero no te fíes de esta. Por si no lo sabes, hoy solo quedan cuatro: Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea. Irónicamente, a ninguna le interesas mucho.
Olvídate de pensar que los gobiernos socialistas del siglo XXI en tu región te van a rescatar. Tú no les interesas tanto. No eres más que un instrumento para avanzar sus intereses en tu nación. Recuerda que el Congreso de tu país es un poquito más representativo que tú y ha destituido a más presidentes en los últimos dos años que en los últimos 20. Identifica a algún jurista que pueda buscar una avenida legal que de pie a tu intención de usurpar los demás poderes del Estado.
Traza claramente los ideales de tu proyecto golpista y explícale a tu pueblo cómo se van a beneficiar. Es a ellos a quien te debes. No se trata solamente de garantizar el modelo económico; se trata de garantizar el modelo democrático. Por último, practica bien tu proclama y trata de que tus manos no tiemblen cuando la vayas a leer. ¿Complicado, verdad?
No hay dictaduras infalibles. Hay dictaduras viables y las hay menos viables. Las hay efímeras y duraderas, mas no las hay eternas. Para ser viables, tienen que converger muchos factores. Un “demócrata” no puede convertirse en un dictador de la noche a la mañana. Le toca ir conquistando cuotas de poder a lo interno y a lo externo, confrontándolas entre sí, pintándose a sí mismo como lo único que las une en torno a los mejores intereses del pueblo.
Los dictadores se desgastan y se vuelven vulnerables; vean cómo terminaron Trujillo, Ceausescu y Gaddafi. Son poquísimos los dictadores que mueren en el poder. Uno que otro dictador se da cuenta que su tiempo en el poder se está agotando y busca algún aliado que le patrocine una salida honorable del poder. Esa salida honorable a veces incluye algo de dinero, seguridad personal e inmunidad diplomática fuera del país de origen. Esa fórmula les ha funcionado a algunos exdictadores como Duvalier, Idi Amin y Bokasa. No se si te hubiera funcionado a ti.
Dicen que es más fácil mirar para atrás que mirar para adelante. Tu discurso radical pero vacío solo te consiguió votos, no te consiguió apoyo popular. Evadir acusaciones de corrupción en tus entornos más íntimos y rodearte de elementos radicales tampoco te sirvió. Debiste entender que para gobernar se requiere consenso a lo interno. No bastaba que fueras el símbolo del socialismo del siglo XXI en tu país.
Debiste ser más que eso. No entendiste que la institucionalidad está por encima del poder. Que el poder es efímero y solo funciona si emana del pueblo y es utilizado para beneficio del pueblo. Pueblo son todos. Pobres, ricos, viejos, jóvenes, hombres, mujeres. Nadie es más o menos importante que otro. Con todas sus deficiencias, el camino democrático sigue siendo el mejor camino.
El autor estuvo de licencia académica durante parte del año 2022