Lo ocurrido en las pasadas elecciones para “renovar” algunos cargos del CEN del PRD fue la “crónica de una muerte anunciada”, parafraseando al nobel de literatura Gabriel García Márquez.De las dos alternativas jurásicas de la “renovación”, Balbina Herrera y Pedro Miguel González, se impuso quizás la que generará más descontento a lo interno del colectivo fundado por Omar Torrijos, y la que más temprano que tarde ocasionará una fuga masiva de adherentes hacia la opción “torrijista” que pretende impulsar el expresidente Martín Torrijos.
No solo Balbina Herrera es una figura “quemada” dentro del colectivo perredista, sino que también lo son la elección del exalcalde José Luis Fábrega y del diputado Arquesio Arias, recordado por acusaciones de abuso sexual en la propia comarca de donde procede.
Con Balbina Herrera gana, una vez más, el “clientelismo” y las viejas prácticas de los “maletinazos”, en las cuales los delegados electorales no miran para nada el futuro de su partido, sino el “¿qué hay pa’ mí?”.
Para nadie es un secreto que la elección de Balbina Herrera representa el poder de convencimiento ejercido por el diputado por Bocas del Toro, Benicio Robinson, quien se autodenominó como “el capo que la gente prefiere”.
Muy probablemente, la posición del otro aspirante a la secretaría general, Pedro Miguel González, era más crítica hacia el gobierno actual, por lo que puede inferirse que la nueva directiva “renovada” intentará nuevas negociaciones y mayor espacio con el Órgano Ejecutivo que preside José Raúl Mulino.
Lo único claro en la elección de Balbina Herrera es que el PRD acelera aún más su desintegración por el nivel de miopía en un partido donde solo los cercanos al círculo del poder han obtenido beneficios por décadas.
La mesa está servida para Martín Torrijos, quien solo tendría que hacer una proclamación y llamar a los miles de descontentos del PRD para que formen parte de su proyecto político.
Del PRD solo quedaría un cascarón carcomido por las polillas de quienes siempre se han creído “fundadores” y herederos del legado de Omar Torrijos, al que solo recuerdan en su fecha de defunción y en el año de fundación del partido. Pero, fuera de eso, la palabra “alpinismo generacional” sigue siendo un tema tabú del que varios de sus dirigentes actuales se rehúsan a conversar.
El autor es sociólogo y docente.


