Réquiem por la CSS

Que la Caja de Seguro Social (CSS) está pasando una crisis terrible, no es noticia para nadie. El tiempo que se ha dedicado a discutir el desastroso futuro del programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) alcanzaría para ir a China a pie. Del mismo modo, la inconformidad de los usuarios de los servicios de salud que brinda la CSS es un tema repetitivo del cual se escuchan historias verdaderamente dantescas sobre las vicisitudes de los pacientes que se atienden en hospitales y policlínicas a lo largo del país.

Sobre lo primero, lo que toca es hacer un análisis matemático del problema. No hay que ser economista para entender que, si uno quiere tener un fondo de retiro, lo primero es ahorrar ese fondo. Cuando se diseñó el programa de IVM, la expectativa de vida de la gente era mucho menor que actualmente. De modo que, si queremos tener una reserva para pagarle la jubilación a personas que viven por mucho más tiempo y ajustar esas jubilaciones al costo de la vida, es imprescindible introducir más fondos al sistema. Eso solamente se logrará aumentando el número de cuotas necesarias para jubilarse y/o aumentando lo que se paga en dichas cuotas. La otra manera de que alcancen las reservas (dando por un hecho que devolver todo lo que se han robado por décadas no ocurrirá) es que se aumente la edad de las jubilaciones. La otra opción “matemática” es que se paguen las pensiones por menos tiempo, lo que implicaría que la gente viviera menos. Esta última no está en la agenda (digan los que digan los amantes de las conspiraciones). Como la razón de ser de los políticos es ganar elecciones aunque el país se vaya por el retrete, sospecho que nadie dará esos pasos para no cargar el “costo político”, lo que obligará a pasar el tiempo hasta que todo colapse. Entonces, no quedará más remedio que resignarse y enterrar los restos del sistema.

La atención de salud es un desmadre multifactorial. Por un lado, los asegurados quieren que las cosas se hagan como a ellos les da la gana y bajo los inflexibles preceptos de la ley del embudo. Pretenden que una cirugía electiva se programe en una semana, por más que haya una lista de espera acumulativa de años que no puede ignorarse de repente. Lo de los cupos de atención es kafkiano con gente llegando a las 3:00 a.m. para sacar un cupo para las 8, que el médico llegue a las 9, los atienda a las 10 y los mande a su casa a las 10:05 a.m.. Igualmente, un paciente al que se le pide un electrocardiograma, le dan cita para tres semanas después y el resultado se lo entregan en 15 días. Así, si el paciente tiene un dolor en el pecho, por un problema coronario, es posible que la entrega de los resultados coincida con el sepelio.

Otro serio problema es el incumplimiento de horarios por parte de los funcionarios. Creo que son más los que cumplen que los que no. Sin embargo, es un hecho que hay gente que simplemente cobra un salario institucional, mientras está en la clínica privada. No es raro enterarse después de años que alguien que uno ve todos los días, aún es funcionario de la CSS. Y si alguien pide que se marque entrada y salida de la institución, es interpretado como una afrenta a la integridad profesional. De lo peor que he escuchado es que hay quienes se oponen rotundamente a la implementación del expediente electrónico, pues queda un registro de a qué hora es atendido el paciente y permite cuantificar el tiempo trabajado. Realmente vergonzoso.

La escasez de medicamentos es otro de los grandes problemas que nadie termina de entender. Cuando existen programas avanzados de manejo de inventarios, que deberían generar pedidos automáticamente al llegar a una cantidad de medicamento en bodega, nadie sabe cómo se agotan durante meses medicinas que son de uso regular para enfermedades crónicas. Eso, incluso en insumos críticos como la insulina, los anticoagulantes o los antihipertensivos. Y todo esto de los medicamentos siempre está rodeado de una serie de sospechas de actos de corrupción donde, como suele pasar, no hay culpables, pero sí hay víctimas.

Hace un par de semanas, tuve la oportunidad de conversar con personas que conocen a ese bicho por dentro, porque han pertenecido a la junta directiva. Las historias que cuentan serían como para una comedia de los hermanos Marx, si no fuera porque las consecuencias son más como de Alfred Hitchcock. Pero eso será tema del próximo artículo. Para darles un avance, solo comento que las reuniones de la directiva se registran usando estenografía (que hoy es una especie de escritura cuneiforme empresarial). Un sistema propio de hace 60 años, antes de existir los programas de reconocimiento de voz y los procesadores de palabras. Pero se mantiene, porque “¿qué van a hacer entonces quienes toman esas notas?” Y eso es solo el principio... Ya les contaré.

El autor es médico cardiólogo


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