El voto, expresión de la voluntad ciudadana, fundamental en democracia, la hemos convertido en moneda para las transacciones en esa economía de los mediocres que se llama clientelismo. Con la connivencia del electorado, hemos dotado a la mediocridad, la que más se postula a cargos públicos, de un sistema de elección corrupto: los residuos y medio cocientes.
Para atraer esa “inversión” de votos al negocio clientelista, los candidatos de todos los colores montan cada día un circo, en el que se mezclan momentos dramáticos como el protagonizado por el gran “Residuente”, que rofea, digno, a la Viceministra de Salud con la grandilocuencia del falso ofendido: “usted está en la casa del pueblo” y “a mí me eligieron y a usted la pusieron de a dedo, así que a mí me va a respetar”, provocando una risa rompepecho de las largas, con sus correspondientes lagrimillas de pura hilaridad.
Pero también salta a la palestra del runcherío político “El Gurú”, con un video sonrojante y pegadizo con el que se ríe y hace reír a propios y extraños. El tipo bailotea («lentes oscuros pa’ que no sepan que está mirando») levantando los brazos, victorioso, con una cara de concreto de máxima calidad, a la que no le afecta ni la vergüenza ni la conciencia.
Estos dos especímenes de «La parada de los monstruos», están calentando motores para ser dignos de que se les pague, a punta de “votos”, su parcela renovada de mediocridad y corrupción. Podrían producir «Panama Democracy Joke. El Gurú ft. Residuente», sería un éxito más del circo que pagamos entre todos llamado democracia panameña.
Después de las risas, vendrá el lloro: cinco años más de equilibristas del robo y el juegavivo, de magos que desaparecen recursos y derechos, de domadores del criterio e hipnotizadores de la razón. Un circo de tuertos audaces para ciegos felices de serlo y sin ganas de remedio. Pronto dejará de ser gracioso, y será demasiado tarde.
El autor es escritor
