Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial con cincuenta millones de muertos, algunos pensaron que esta sería la guerra que terminara con todas las guerras. Al liberarse los campos de concentración y conocerse el exterminio de seis millones de judíos, hasta los antisemitas más osados sintieron verguenza. De pronto, ese odio a todo lo judío pasó de moda. Nació el clamor de que “¡nunca jamás!” se permitiría un genocidio semejante. El mundo gentil pensó que, después de todo lo acontecido, el pueblo “escogido” merecía un Estado. Las Naciones Unidas propuso dos Estados: uno palestino y el otro hebreo. Los judíos aceptaron, los palestinos no. Con promesas de los otros países árabes, (después de todo el naciente Estado fue atacado por cinco países) apostaron a que la victoria sería segura, pero la historia se escribió de otra forma.
Los que nos trae a la época actual la guerra en Gaza ha abierto los caudales de un antisemitismo fanático, virulento y salvaje. Esto me recuerda a la década de los 1930, cuando muchos países europeos, hechizados por el resurgimiento del poderío alemán, quisieron imitar las medidas anti-judías del régimen nazi de Hitler. Países como Polonia, Hungría, Rumania, Eslovaquia, etc., instituyeron políticas casi similares a las germanas. Ahora, como antes, el antisemitismo volvió a estar de moda. Soy pesimista de que, por más que se explicara, el odio al judío jamás morirá. Destilado durante milenios, ese odio irracional describe al pueblo semita como el “otro”, incapaz de asimilarse en las naciones donde vive. Ya sea por la derecha o la izquierda, se le acusa de doble lealtad, pueblo deicida, dominado por un complot de querer dominar el mundo. No importa que se enfatice que Israel fue atacado brutalmente, el 7 de octubre, sin provocación, en lo que constituye la mayor masacre de judíos desde el Holocausto. Lo que se permite a otros países, le es negado a Israel. ¿Cuál Estado aceptaría que se lanzara a su territorio más de 11 mil cohetes?, ¿Masacre de 1,200 inocentes?, ¿la toma de 240 rehenes?, ¿El clamor de que la Guerra de Hamás es una Guerra de exterminio al Estado judío? Pero el antisemita de hoy tiene una justificación para todo. “No estamos contra los judíos”, alegan, “estamos contra los sionistas”. Y así vemos manifestaciones gigantescas en naciones de Occidente, sin olvidar las que se dan en el mundo musulmán. Las más chocantes son las que se dan en Estados Unidos, país que fue el primero en reconocer a Israel y donde los judíos se sentían más papistas que el Papa. Triste realidad de los hebreos alemanes en el país germano.
Es cierto que en Gaza han muerto muchos civiles; es trágico y doloroso. Pero la culpa no es solo de Israel. ¿Dónde se deja a Hamás, cuya estrategia es esconderse en escuelas, hospitales, centros comunales, para maximizar la muerte de inocentes y que se vea al Estado judío como país genocida.
Estoy convencido de que lo que aconteció el 7 de octubre de 2023, ha cambiado la dinámica del conflicto palestino-israelí. Como escribiera una novelista “ahora ya no somos israelíes, somos judíos.” Ya hace algún tiempo el filósofo francés Jean Paul Sartre escribió en un ensayo sobre el antisemitismo donde sentenció que: “este no constituye un problema judío, es un problema de nosotros”.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales
