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Revisitar a José Domingo Espinar

Revisitar a José Domingo Espinar
Imagen conceptual elaborada con asistencia de IA.

La escritora panameña Dorita Ávila acaba de publicar la que, a juicio de este lector perplejo, es una de las mejores novelas editadas recientemente en Panamá. Hablo de Al margen de la gloria, José Domingo Espinar, el general a la sombra de los Libertadores (HDLM Ediciones, Ciudad de Panamá, 376 págs), un ambicioso trabajo que destaca no solo por su rigurosidad documental y cuidado del lenguaje, sino también por su capacidad para ficcionalizar con maestría una época distante (1820-1830), y a la vez desafiar algunas preconcepciones sobre el personaje, sólidamente arraigadas en nuestro país.

Ávila, una matemática panameña que estudió en Waterloo (Canadá) y Edimburgo (Escocia) se encontró por casualidad en la Biblioteca Nacional con el dato de que el panameño Espinar había sido secretario personal del libertador Simón Bolívar, y seducida por saber más (o sorprendida de porqué no sabía más) emprendió un viaje documental de varios años para conocer mejor al personaje, travesía que la llevó a indagar en archivos de Panamá, Perú, Colombia, Ecuador y Estados Unidos hasta escribir una completa monografía académica sobre la andadura de Espinar y sus vínculos con Panamá.

Pero en todo ese tiempo algo dentro de ella clamó por ir más allá y trabajar ese material para escribir algo vivo, cercano, y así fue como se entregó una década en la tarea de escribir Al margen de la gloria. A pesar de las dudas que un proyecto así entraña, para regocijo de los lectores la escritora no cejó en su empeño y nos entrega ahora el fruto de sus desvelos.

Allí, de la mano de un narrador ambiguo, vamos siguiendo el arco de la vida de Espinar (Santa Ana, Panamá 1791 – Arica, Perú 1865), sus contradicciones y sus lealtades, sus amores y su concurso al lado de los libertadores, en especial su admirado Bolívar en plena década separatista en las Américas, así como su compleja relación con Panamá, y cómo su figura ha sido más valorada en Sudamérica.

Ávila tiene la destreza no de replicar en su relato la figura impresa de un viejo libro, sino dar vida a Espinar desde el costado humano, en tres dimensiones como es la gente de verdad. Logra lo mismo con Bolívar, a quien conocemos desde sus achaques y temperamento volátil.

En ese camino, es de agradecer que la autora no recurra al sermoneo nacionalista en el que tantas veces se cae cuando se ficcionalizan hechos del pasado, como si maquillándonos pudieramos vencer la sinceridad del espejo. La escritora logra que los lectores nos olvidemos de todo ello, y nos sumerjamos en el tiempo material y humano de esa época mediante los malos olores, el dolor provocado por la herida de un sable, el padecer de las enfermedades implacables, la angustia de esperar meses la carta de la amada, la música perfumada con flores frescas en un salón de baile, o el enloquecimiento que provoca una cabalgada interminable en el desierto.

Es decir, Dorita Ávila no nos está dando una lección de Historia, nos está haciendo partícipes de ella a través de las emociones de sus personajes y los hechos que les modifican y nos modifican (¿acaso hay una mejor manera de aprenderla?).

Así ocurre por ejemplo en la extraordinaria escena de la Batalla de Junín en el Norte peruano, con un Bolívar enfermo, rebaños de soldados desorientados o hambrientos y refuerzos que no llegan, y un Espinar metido de lleno en la refriega a sables y lanzas como médico de su batallón. De pronto el lector se encuentra allí de cuclillas junto al médico santanero, oliendo la sangre que brota humeante del cuerpo herido del general Necoechea, mientras amputa su brazo izquierdo con los escasos instrumentos de la época.Otro momento muy bien logrado es cuando Espinar conoce a Bolívar en una hacienda guayaquileña. Llega allí como parte del ejército de San Martín, pero pronto sucumbe al embrujo del Libertador, hombre de intereses más cercanos a su extrañado Panamá. Ávila soluciona la escena con un diálogo de pocas palabras cuya intención se completa en la cabeza del lector.

Si la Historia consigna estos hechos exclusivamente a hombres, en Al margen de la gloria también podemos interpretarlos desde las miradas de mujeres como Manuela Sáenz, la revolucionaria ecuatoriana que salva la vida de Bolívar en 1828, y cuya mirada crítica desacraliza el exceso de pompa. Igual ocurre con Antonia, la segunda mujer de Espinar, quien lo cuestiona y hace dudar de sus seguridades.

Esta novela destaca además por la prolijidad de su escritura y uso del lenguaje: Dorita Ávila alcanza un estilo impecable, sin arrebatos de escritura, con los adjetivos bien ubicados, las frases y los diálogos precisos, es decir, toda una orfebrería estilística invisible al servicio de la historia que nos cuenta. Por esta y otras cualidades haríamos bien en considerar esta una novela panameña de proyección latinoamericana.

Ahora bien, si damos por válida la teoría de que al final toda novela busca responder una única pregunta, la de Al margen de la gloria sería: ¿por qué Panamá invisibilizó la vida de Espinar? No solo durante el tiempo en que vivió, sino especialmente después, cuando nuestros relatos independentistas cubrieron con un manto de silencio su vida. Sobre esto valdría la pena leer lo que han escrito algunos de nuestros grandes historiadores como Ana Elena Porras y Alfredo Castillero Calvo, entre otros.

No obstante, con independencia de la respuesta a ese pregunta y la discusión histórica que plantea, o mejor dicho, en favor de ella, hoy los panameños tenemos en Al margen de la gloria el espejo para observar cómo fuimos y cómo somos y, quién sabe, resignarnos a ver cómo seremos -o no. (Texto escrito 100% desde la imperfección humana).

El autor es conductor del programa La Boina Roja.


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