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Ricardo Lombana y la legitimidad del reclamo

El reclamo a la candidatura presidencial del señor Ricardo Lombana es legítimo. He aquí algunas observaciones que me llevan a esa conclusión.

En lo político: Llegó tercero en la elección inmediatamente anterior, sin partido político. Con base en esa participación, identificó en el sistema electoral el origen del problema institucional y actuó decisivamente: reconoció la necesidad de corregir su postura política e inscribió un partido. Además, ha supeditado la constituyente a la conquista del gobierno. Demostró inteligencia, humildad y liderazgo.

En lo moral: Predica con el ejemplo: no ha hecho una campaña clientelista sino ética. Actúa contra la corrupción, a costa de familia y bienestar, y se ha rodeado con personas de valía, no solo de candidatos. Ha denunciado la inmoralidad de la política panameña que justifica las alianzas de partidos sin actos previos de constricción, de reconocimiento de errores cometidos, lo que indica que no hay propósito de enmienda. Así que es coherente al rechazar alianzas con la “vieja” política.

En lo económico: Ha abogado claramente por la economía circular, reconociendo el impacto dañino de la contaminación y la necesidad de ejecutar políticas públicas transversales para mitigar el cambio climático, indicio de que conoce el agotamiento del modelo económico y la importancia de la educación y la ciencia. No se ha permitido tomar partido en luchas culturales y/o ideológicas, y se centra en la lucha contra la corrupción. Sabe que la tranquilidad actual es porque estamos en el ojo del huracán, y tendrá que recurrir al ingenio, la solidaridad y el ahorro (“sudor, sangre y lágrimas”) para que vuelva a circular el dinero y haya crédito.

Mi contexto (comentario sobre las encuestas): Hace 40 años fui jurado de mesa en la escuela de “El Sesteadero”, cerca de Santo Domingo de Las Tablas. Un amigo me había pedido el favor. Apenas se inició el conteo de los votos, como a las seis de la tarde, empecé a sudar. En veinte minutos estaba empapado, como si me hubiese sorprendido un aguacero en las montañas de Gualaca. Hacía calor, pero yo estaba frío y pálido. Además, no me salía la voz. El salón se llenó, pero no por la expectativa del resultado, sino para verme a mí, que estaba al borde de un ataque cardíaco, con sólo 20 años. Faltando cinco votos por escrutar, salió uno del partido que yo representaba. Había estado mintiendo desde las seis de la mañana.

El autor es abogado


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