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Río Indio: la decisión que no admite más demora

Panamá se encuentra en uno de esos momentos en que la historia nos agarra por el cuello y nos obliga a decidir entre la nostalgia del pasado o la supervivencia del futuro. Hablar de Río Indio no es, como algunos quieren pintar, un capricho de ingeniería o un ejercicio de soberbia estatal. Es, llanamente, la única respuesta racional ante un clima que ya no nos da tregua. Mientras algunos juegan a la política desde la barrera, como si estuviéramos en un juego de simulación de computadora donde todo se resuelve con un clic, la realidad del Canal exige decisiones de adultos: o aseguramos el agua ahora, o condenamos nuestra relevancia global a un lento marchitamiento.

Es cierto que el proyecto levanta polvareda. Hay cuestionamientos y cicatrices históricas sobre el desplazamiento y la tenencia de la tierra que no podemos barrer bajo la alfombra. Sin embargo, estos no deben ser obstáculos insalvables, sino la hoja de ruta para una gestión social sin precedentes. En el artículo “Río Indio: el embalse que definirá el futuro del Canal”, publicado por La Prensa el 20 de enero de 2026, se planteaba que la seguridad hídrica es el “Talón de Aquiles” de nuestra economía. No podemos permitir que el miedo al cambio nos paralice. La compensación justa y el desarrollo integral de las comunidades de la cuenca no son “costos” del proyecto, sino la inversión necesaria para que el progreso no deje a nadie en la cuneta.

Eusebio A. Morales, en su ensayo “La condición económica de la República”, dejó una frase que parece escrita para este debate: “El verdadero patriotismo no consiste en mantener intacto el suelo, sino en hacerlo fructificar para las generaciones que vendrán”. Morales, con esa claridad de estadista, entendía que la soberanía se ejerce transformando el territorio para el bien colectivo. El embalse de Río Indio es, precisamente, hacer fructificar nuestra geografía para que el Canal siga siendo el pulmón que oxigena las finanzas públicas, la educación y la salud de todos los panameños.

Oponerse al embalse bajo el pretexto de una protección romántica del entorno es ignorar que, sin agua, no habrá entorno que proteger ni Canal que administrar. El Estado panameño y la ACP tienen hoy la tecnología y, sobre todo, la lupa de la opinión pública encima para hacer las cosas bien. No estamos en los tiempos de los franceses ni de los estadounidenses; esta es una obra de panameños para panameños. El proyecto debe avanzar no a pesar de la gente, sino con la gente, convirtiendo a los habitantes de la cuenca en los primeros beneficiarios de un desarrollo que por fin llegue a esas zonas que han estado fuera del radar del bienestar.

Al final del día, la pregunta no es si Río Indio tendrá un costo, porque toda gran obra lo tiene. La pregunta es si estamos dispuestos a pagar el precio de la inacción. Un país que se detiene por miedo a su propio crecimiento está destinado a la irrelevancia. Río Indio no es solo un reservorio de agua; es el depósito de nuestra confianza como nación capaz de resolver sus propios problemas con audacia y sentido de justicia.

El autor es empresario.


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